La lengua de «Merlín e familia»

Textos y lenguas en Cunqueiro.-  Dice Felipe de Amancia en el prólogo de Merlín e Familia i outras historias: Verdade ou mentira, aqués anos da vida ou da imaxinación foron enchendo cos seus fíos o fuso do meu esprito, i agora podo tecer o pano distas historias, novelo a novelo. Fíos (hilos), fuso (huso), tecer (tejer), pano (paño), novelo (ovillo), he aquí los términos que enmarcan la metáfora más querida por Cunqueiro para referirse a su escritura, como es la de un tejido. A veces habla también de (nudo) y madexa (madeja). No otra cosa puede ser un texto, incluso etimológicamente, más que un tejido, un entrelazamiento de hilos que construyen  el paño de una historia.  Otra metáfora con igual empeño es la del camino,  ya que …así como as leiras dan pan, os camiños dan as xentes, as pousadas, as falas, os países.

Esos tejidos o textos, esos caminos o historias se construyen en Cunqueiro a partir de dos lenguas, el gallego y el castellano, que tendrán, como veremos, distinta importancia según de qué obras se trate o de qué época sean. En una primera etapa, la anterior a la Guerra Civil, Cunqueiro es ideológicamente un galleguista moderado que escribe prosa y verso solo en gallego, que es una de las formas de su militancia  (Mar ao Norde (1932), Poemas do si e non (1933), Cantiga nova que se chama ribeira (1933). En el periodo que va de 1936 a 1950, Cunqueiro es ahora un franquista y escribe y publica solo en castellano, que es la  forma de la otra militancia, ya fuesen artículos periodísticos  (en Era Azul (Ortigueira),  El Pueblo Gallego (Vigo) a Voz de España (San Sebastián), ABC (Madrid),… o en las revistas del régimen como Vértice, Escorial, Fantasía, Destino…), ya fuesen textos literarios (El caballero, la muerte y el diablo (1945), San Gonzalo (1945), Balada de las damas del tiempo pasado (1945)). En 1940 había publicado el tomo de Elegías y canciones,  traducción al castellano de algunos poemas de sus libros anteriores en gallego. La siguiente etapa se inicia en 1950 con el  libro de poemas en gallego Dona do corpo delgado y llega hasta el final de su obra. Ideológicamente, en esta etapa Cunqueiro vive apartado de la militancia franquista y vuelve a publicar en gallego. Es la etapa a la que se puede llamar bilingüe en cuanto a publicaciones, pues produce tanto obras en gallego como en castellano. Los artículos periodísticos, su gran producción,  serán, en su  mayor parte, en castellano, ya que es en ese mercado donde se gana la vida. En 1955 publica Merlín e familia, traducido al castellano por él mismo en 1956. As crónicas do sochantre son de 1956, traducidas por su amigo Paco del Riego, en 1959. En 1960 publica en castellano  Las mocedades de Ulises.  En ese mismo año sale Escola de menciñeiros, del que traducirá una parte que añadirá a otro libro escrito directamente en castellano,  Tertulias de boticas prodigiosas y escuelas de curanderos en 1976  De 1961 es Si o vello Sinbad volvese ás illas  que traduce al castellano en 1962 con el título Cuando el viejo Simbad vuelva a las islas.  Xente de aquí e acolá es de 1971, traducida con el titulo La otra gente. A esta serie de galerías de personajes se suman en 1979 Os outros feirantes en gallego e Historias gallegas, de 1981, escritas ya en castellano y para ser leídas en la radio.  Nunca se tradujo al castellano su teatro, O incerto señor don Hamlet (1958) y A noite vai coma un río (1960). En 1980 publica su último libro de poemas Herba aquí e acolá.

Una parte importante de las últimas obras narrativas de Cunqueiro están escritas  en castellano: Un hombre que se parecía a Orestes, de 1972;  Vida y fugas de Fanto Fantini, de 1974; El año del cometa con la batalla de cuatro reyes, de 1974. No hay de ellas traducción al gallego, ni la habrá, porque en la obra de Cunqueiro la traducción, o mejor, la autotraducción, si la hay, solo tienen una única dirección y siempre es la del gallego al castellano. Nunca al revés.

Lenguas y literatura en Cunqueiro

El gallego literario de Cunqueiro procede de dos fuentes identificables. Una es el gallego hablado en Mondoñedo,  su ciudad natal, el gallego de la calle y de la plaza pública, tal como lo hablaban campesinos y menestrales. Por su casa, Cunqueiro era castellano-hablante con padres y hermanos. Pero el gallego estaba por todas partes, incluso en ese castellano de clase media tan propio de las villas y ciudades gallegas. Como no podía ser de otra manera,  era un gallego oral y conversacional que él hereda como genuino, aunque  contenga  castellanismos de los que los hablantes no tenían ya conciencia de que fuesen tales. Formas como sorrisa, ensiñar o  silla no son concebidas como castellanismos y no se tiene memoria, o poca, de las formas gallegas propias sorriso, viúva o cadeira.  Los límites entre uno y otro idioma, en ocasiones,  son difusos y así lo siente Cunqueiro. Elena Quiroga, en Presencia y ausencia de Álvaro Cunqueiro, (Madrid 1984), recoge la siguiente cita de nuestro autor: Ambos idiomas me son maternos, vernáculos, y debo ejercer una cierta voluntariedad para mantener en uno solo de ellos el libro o poema que estoy escribiendo.

La otra fuente lingüística de la que bebe Cunqueiro es el gallego literario heredado de la generación Nós. Especialmente Risco, Otero Pedrayo y Castelao, que junto con otros autores que publicaron en la revista y editorial Nós, fueron los creadores de la prosa moderna gallega allá por los años veinte y treinta del siglo XX. Sin apenas instrumentos adecuados, sin normas oficiales y reconocidas, sin apenas gramáticas o diccionarios competentes, el trabajo para crear un gallego culto fue grande y esforzado.  Había algunas gramáticas ya en el XIX (Saco y Arce, 1876) y diccionarios (Francisco Javier Rodriguez (1863), Cuveiro Piñol (1876), Marcial Valladares (1884), pero la primera gramática del gallego y escrita en gallego es de 1922, la  Gramática do idioma galego de Lugrís Freire.  El Seminario de estudios galegos hizo intentos por dotar de normas al gallego, e incluso publicó en 1933 unas  Normas para a unificazón do idioma galego.  A pesar de estos esfuerzos, sin instituciones propias, sin escuelas, sin medios de comunicación, no se pudo evitar que castellanismos, ultracorrecciones, vulgarismos  o dialectalismos y todo tipo de interferencias se introdujesen en la lengua escrita.

Cunqueiro afirmó repetidamente que las dos lenguas le eran familiares,  aunque en él siempre había una sola lengua de fondo sobre la que se asentaba la otra. Esa lengua base era el gallego. Se consideraba un bilingüe equilibrado con posibilidades de interferencias de una lengua en la otra.  E interferencias  claro que las hay en la obra de Cunqueiro, pero es preciso distinguir la dirección y  el sentido de ellas, ya que unas son las que desde el gallego se producen en la prosa castellana de Cunqueiro, y otras, de muy distinta cualidad, las que el castellano produce en el gallego, no solo el de Cunqueiro, sino en el de todos. Las primeras, las del gallego en el castellano de Cunqueiro, son un rasgo o voluntad de estilo muy consciente, ya que con ellas lo que pretende es ampliar el castellano,  al introducir en él formas gallegas que lo enriquezcan. Era el viejo intento unamuniano de crear a partir del castellano, lengua de Castilla, y ya hecha y acabada, una sobrelengua,  el español, lengua por hacer y  en la que se subsumirían las otras lenguas de España. Este proceso, en el que el gallego presta, por así decirlo, formas al castellano para conseguir esa sobrelengua se da ya en Cunqueiro en las primeras obras en castellano de los años cuarenta y seguirá dándose con mayor o menor intensidad en el resto da su obra en castellano, especialmente en las traducciones. En El Loro das Esmelgas, relato incluido en Historias Gallegas, publicadas poco después de su muerte, podemos encontrar  textos como el  siguiente: En Abeirón, en la cara del sol, al abrigo del Norte, son muchas las colmenas, al arrimo de un cómaro o junto a grandes chantos de pizarra que cierran una chousa o un souto. Aunque estas historias fueron leídas primero en la radio y en Galicia  y después recogidas en papel, Cunqueiro no se molesta, como a veces hace, en traducir o dar un sinónimo de palabras como cómaro, chanto, chousa o souto. Simplemente quedan incluidas en su castellano, no para caracterizar un personaje o un habla, sino como si fuese léxico genuino castellano o del castellano de Galicia;  en todo caso, con la pretensión de que lo fuesen en un futuro.

Por el contrario, las interferencias del castellano en el gallego obedecen a un proceso no consciente, y que se produce en el habla, no en el estilo, y ya no son cosa solo de la prosa de Cunqueiro, sino de la lengua gallega en general sometida en su territorio a las  presiones del castellano. Cuando Cunqueiro, como tantos otros,  usa palabras como viuda, daño o camello ya no tiene consciencia de las genuinas gallegas viúva, dano o camelo, olvidadas en el habla  por la  interferencia de las formas castellanas, lo que supone la pérdida y la subsiguiente substitución de la forma gallega por la  castellana.  En el  hablante ya no hay conciencia de que viuda, daño o camello son en origen formas castellanas y no gallegas.

La ultracorreción

Frente a estos castellanismos del habla, el escritor en gallego, ya desde el XIX, preocupado por usar las formas genuinas y no cometer castellanismos, a veces tan corrientes, ultracorrige. Desde el Rexurdimento, desde Rosalía, Pondal y Curros, hay ya ultracorrecciones en la literatura gallega.  Saco y Arce, en  Poesía gallega contemporánea: sus defectos más comunes, cuatro artículos de enero de 1876, en El Heraldo gallego de Ourense, habla de formas ultracorrectas en estos autores, como brilar (por brillar), extrano (por extraño), sinceiro (por sincero) o primaveira (por primavera), que se producen en sus obras  por parecerles que las gallegas non son tales, o tan puras,  y, al ser coincidentes con las del castellano, se hacen sospechosas, aunque no lo son, de castellanismo.  Les parece que suena más y  a mejor gallego primaveira que primavera. La primera es la forma ultracorrecta y la segunda es la genuina tanto en galleg como en castellano.

En el siglo XX, entre los literatos, y especialmente entre los miembros de la generación Nós, era corriente el pensamiento de que  la presencia del castellano en Galicia desde finales del siglo XV había impedido la libre evolución del gallego, que no solo coartó soluciones lingüísticas propias sino que también  impuso el castellano como lengua culta en detrimento do gallego. Por lo tanto, se trataba de librar a la lengua patria de ese atranco y reautenficar las formas gallegas que se pensaban deturpadas o impedidas por el  castellano. La acción de los escritores en pro de su lengua restauraría lo que en la historia se impidió. Así, de la forma latina spectaculum, si evolucionase libremente e se le aplicasen leyes fonéticas más o menos históricas (-ct- > it;  como, por ejemplo, en tectus > teito), lo que debía resultar era  eispeitacro, y en efecto, podemos encontrar esta forma en la prosa de la revista Nós. Realmente la forma que se obtendría en esa deriva reautenficadora sería *espeitallo, aunque a tanto no llegaron. No se tuvo en cuenta que era un cultismo y que entró en la lengua cuando esas supuestas leyes fonéticas ya no funcionaban. Ni siquiera se tuvo en cuenta, como posible modelo, cuál era la forma portuguesa, que naturalmente no era eispeitacro sino, y como tal cultismo,  la coincidente con el castellano espectáculo. Esta ultracorrección obedece, por lo tanto, a un afán de diferenciarse del castellano, ya que se sospecha que las formas coincidentes son en gallego castellanismos. Si alto es la forma coincidente con la castellana alto, debemos buscar la forma diferenciada y  falsamente genuina gallega outo,  aunque  ya no aparezca más que como segundo elemento de compuestos como Motouto o Valouta, nunca como forma libre.  Se emplea outo y no alto, que es forma válida en gallego, en castellano y en portugués, por afán diferencialista, por querer purificar aquello que la historia supuestamente corrompió o impidió.

El caso se produce con alguna frecuencia en Merlín e familia en el que encontramos ultracorrecciones como outas torres (altas); outura (altura);   tidoárono (titulárono); eleitrón (electrón), eisempre (exemplo), esceas (escenas.)… Otras veces, Cunqueiro, también por diferencialismo, ultracorrige la forma genuina  porque le parece poco gallega. Así tenemos libros segredos (secretos);  bizantiños (bizantinos) o palatiños, (palatinos); especieiría (especiaría);  ferreiría (ferraría); Maragateiría (Maragatería); brilante (brillante)…

Las formas gallegas. Dialectalismos

Repetidas veces dijo Cunqueiro que el hecho de que el gallego fuese en aquel momento una lengua sin normas morfofonéticas y oficiales que definiesen un estándar  le permitía ser más creativo ya que así podía violentar incluso la sintaxis, y obtener una lengua literaria más fresca y libre, cosa que no era tan fácil de conseguir en una lengua normativizada como el castellano. Como veremos, esa posible libertad  se va a mostrar, fundamentalmente, en su prosa y casi en exclusiva en el campo léxico. Más que hacer elecciones léxicas originales o creaciones de nuevos términos, lo que vamos a encontrar es una mezcla importante

en su gallego de interferencias castellanas o ultracorrecciones, ya vistas, junto con formas de diversos dialectos gallegos, a veces incompatibles entre sí, pero reunidas todas y conviviendo en una misma escritura, la prosa de Cunqueiro. Todo esto no empece la calidad de la lengua literaria. Es más, justamente es el estatus de lengua literaria lo que permite que coexistan formas que no se podrían dar  en la boca de un mismo hablante. En Cunqueiro es posible que esas imposibilidades dejen de ser tales y aparezcan  en un mismo texto cosas como auga, iauga, agua o agoa. También es  posible que en un momento use aira, que es la forma propia de su gallego mindoniense y en otro use eira, que es la forma más extendida en el gallego. Quien dice eira no dice aira, y viceversa, ya que son variantes dialectales. En el relato  O quitasoles i o quitatrevas, Cunqueiro puede escribir primero paraugas, a continuación  paragüeiro, que no deriva de paraugas sino de paraguas, después otra vez paraugas, y más tarde, una vez más, paragüeiro.

  La escritura  crea  su propio espacio en el que esas contradicciones quedan neutralizadas dentro de lo literario. La literatura, en tanto que un tipo de escritura, no de habla,  se presenta como un  campo en el que se neutralizan diversas formas dialectales, diversos registros, e incluso la oposición castellano-gallego. Por ejemplo, pueden coexistir en el mismo texto substantivos coma virtú, xuventú, novidá… frente a formas plenas con la sufijación  –ude, -ade como virtude, liberdade ou soedade ou suidades. Sucede  parecido con las formas del plural de los sustantivos, ya  que en el  texto coexisten variantes dialectales excluyentes entre sí en  el habla. Así hay plurales como mans, mañáns ou seráns,  pero también otros como cás,  botós, visiós, latís, razós… o  papés y aqués junto con capiteles ou filiales, que son formas castellanas.

. En las formas de los demostrativos encontramos cosas como iste, ista, isto ou ise, isa, iso ou aquil frente a aquel, eso, aquelo. En ocasiones, usa como forma de 3ª persona del singular el pronombre  il, pero también el.

La forma ao, preposición a y segunda forma del artículo masculino singular o, es la que aparece a lo largo de casi que toda la obra.  En la segunda parte, en los relatos Aquel camiño era un vello mendiño y en O Enano grego, aparece también la forma contracta ó: O señor Morán foi buscar muller ó seu país…; …arremuiñábase ó amor do fogar… En el siguiente relato, O paxe de Aviñón,  se vuelve a la forma ao, y lo mismo sucede en el relato que le sigue, O hugonote de Friol. En O Galo de Portugal aparece la forma ao  tres veces, pero ya  muy al final aparece ó:  (as galiñas) …que diron en chamar portuguesas, e son, ó que parece, froito da breve hora de don Esmeraldino no corral vello da Sempre Ilustre Abadía de Santa María de Meira. Tres líneas más abajo vuelve a aparecer la forma ao, y así será en lo que queda del libro.

Tenemos, pues, dos relatos en los que solo aparece ó y otro en el que aparece una vez solo. No parece ser decisión de Cunqueiro, que mantiene ao en toda la obra menos en estos casos, sino de una mano editorial, tal vez la de su amigo Paco del Riego, que revisó algunos relatos. Esa mano correctora se muestra también en el cambio de género de los sustantivos viaxe y  ponte, que son a lo largo de la obra masculinos, incluso el título de un relato es O viaxe a Pacios, pero en O Enano grego y en  O  Paxe de Aviñón, ponte y viaxe recobran su genuino género femenino.

El vulgarismo

Otra veces, y también por diferencialismo, Cunqueiro elige la forma gallega más apartada del castellano, cuando no la forma vulgar. Así encontramos cosas como decrarar, recramar, apricados, drento (dentro), pruma, cradou (cadrou), ambre (ámbar), cencia, audencia… Por lo general escribe frol y no flor, por lo tanto también escribe froles, froliñas, froleados, y también el nombre propio Frolentino y  el topónimo Frolencia. Pero el nombre de la  viuda engañada por el demonio Cobillón en la novela de Mosiu Tabarie se llama Florinda, no Frolinda.

El castellanismo

Como ya dijimos, dada la presencia de siglos del castellano en Galicia, muchos hablantes ya no tienen conciencia de que algunas  de las formas que usan no son las genuinas gallegas sino castellanismos. Esta indistinción hace que en la prosa de Cunqueiro pasen por formas gallegas muchas que no lo son, pero que se tienen como propias. Así encontramos viuda, vaina, servilleta, varilla, linterna, sombrilla, requesón, monaguillo, silla, camellos, desaúnos, tablas… También al castellano se le deben algunos cambios de género como a leite, o augardente, o arbre, o equipaxe, o longo viaxe…Son castellanismos algunos plurales como capiteles o filiales. Otras formas son adaptaciones del castellano al gallego como pelexo (de pellejo), por pelello, antoxos (de antojos) por antollos, parexa (de pareja) por parella o madexa,  del castellano madeja, que sustituye a la forma genuina madeixa o meada.

Usa casi siempre doña, castellanismo,  como forma tratamiento y respeto para referirse a las mujeres. Así doña Ginebra, doña Marcelina, doña infanta de Irlanda, doña cautiva (la hija de doña Carolina). Usa dona cuando se refiere a dona Catalina dos Médicos, la emperatriz dona Arquipas y a dona Macarea. Dona con el significado de muller se usa para referirse a Simona, la princesita que quería casarse, y de la que se dice que era  a dona que nos viñera por portas, pero a continuación escribe una vez más doña Simona.

Otras veces aparece la forma castellana sin más, como en Dios Noso Señor,  o padrenuestro tal como, en ocasiones, se da en el habla. El quitasol blanco se llama Sal el Sol, y la Bella Otero, aparece así citada, tal cual. Lo mismo el título de la novela de Bernardin de Saint-Pierre Pablo y Virginia. Las coplas que recita don Felices  al echar las cartas también van en castellano: Cuatro coplas al heredero / y la espada al cintulero/ primero y delantero. Al hablar de don Ernestino de Tejada, se dice que es un pradicador riojano, aunque más adelante se diga que era de nación rioxano.  El predicador habla en castellano cuando suelta el refrán: La mujer casada, la pierna quebrada y en casa. Doña Ginebra aparece citada siempre así, con su nombre en castellano. Están también en castellano jedive de Egipto, xudeo jázaro o jeque Rufás.

La conjugación verbal

En el habla, quien usa el verbo poñer no usa el verbo pór y viceversa. Pero  en los textos de Cunqueiro pueden coexistir formas del verbo poñer junto con formas del verbo pór. Esos dos infinitivos, pór/poñer, están presentes en Merlín e familia, y con ellos  están poñendo, poñía, puxen, puxese que son formas del verbo poñer y que conviven con  pondo, puña, poría, puñera, puñeron, que son formas del verbo pór.

Nunca aparece facer, sino faguer, que es exclusiva en Merlín e familia. Su pretérito es fixo, su pluscuamperfecto fixera  y su imperfecto de subjuntivo fixese. Sin embargo,  en O Galo de Portugal aparecen las formas aportuguesadas ficese e ficera, tal vez para caracterizar el texto, pues en el  mismo aparecen otros lusismos como meio, boato (rumor), azadeante (de aza, ala)…

Por dialectalismo y diferencialismo aparecen formas del imperfecto de subjuntivo como ensiñese, sequese, apartesen o apaguese, con esa metafonía frente a formas más extendidas como chegasen o secasen.

Nunca usa el infinitivo oír, tal vez por considerarlo castellanismo o simplemente por ser forma coincidente con la castellana, y escribe siempre ouvir, ouvía, ouvisen… Parecido pasa con rubir, que es la forma más usada a  lo largo del texto. Subir aparece una sola vez. Hay formas del verbo andar tales como andiven, andivo, andivera… construidas sobre las castellanass anduve,  anduvo o anduviera, lo que supone que no aparezcan las genuinas andei, andou o andara.

En Merlín e familia no hay formas del infinitivo flexionado, que parece no estar ya en el habla de Cunqueiro y menos en su escritura

Erratas y traducción

Ya en la primera edición de Merlín e familia hay erratas, y algunas de ellas llegaron hasta la edición que  manejamos, que es  la quinta de la Biblioteca Álvaro Cunqueiro de Galaxia, del año 2011, año del centenario de Cunqueiro, tan celebrado. Cosas como  entrar a saír, bauxaronlle, namorouso, Esmello o noelas aparecen en esta edición ya corregidas, por obvias, como entrar e saír, baixáronlle, namorouse, Esmelle o  novelas. Con todo, otras permanecieron y ahí siguen sin que nadie se preocupe por ellas y por depurar el texto, tal vez porque se piensa que  eso pudiese ser un pecado bibliográfico.  Pero ya no es solo cosa de editores que repiten erratas, sino también, y más importante,  de lectores que nada dicen, pero leen cosas que no se entienden y que saltan a la vista que afean el texto u obligan a raras interpretaciones.

En el relato A casa de Merlín, y en la página 17, aparece la frase: Todo sabía Marcelina, tódalas señas dos que iban e viñan, i os sete  parceres que hai en cada historia. Curiosamente la errata persiste edición tras edición después de que el propio Álvaro Cunqueiro, ya en 1956, tradujese  al castellano Merlín e familia en la  ese supuesto parceres gallego aparece como  pareceres.

En el relato O Quitasoles e o Quitatebras,  y en la página 21, se habla de la gorra de Felipe de Amancia y se dice que: …colgaba sempre no trabe do forno. Ese trabe masculino es errata evidente. Incluso el título de otro relato del libro es  A trabe de ouro,  lo que deja claro cuál es el género de este sustantivo. La traducción al castellano es: …en la viga del horno… y lo mismo la del título del relato que es La viga de oro.

En O camiño de quita e pon y en la página 28, se dice que cada uno de los siete príncipes gazníes llevaba: …no mantel da man esquerda cada qué a súa águia encapirotada. Ese cada qué debe ser un cada quén, así acentuado según las normas  ortográficas de la RAG de 2003. La traducción al castellano es bien clara ya que dice que llevaban: …en el mantel de la mano izquierda, cada uno su águila encapirotada

Tampoco se sabe bien por qué en A princesiña que quería casar, en la página 36 de esta edición, perdura la frase:  Mi amo quedou caviloso coas noticas da carta. Otra vez la traducción al castellano del propio Cunqueiro resuelve la errata, pues escribe noticias de la carta.

En este mismo relato y en la página 40,  se pone en boca de Felipe lo siguiente: Estaba sentada cabo do forno, poñendo, coa miña navalliña, unha F en cada zoca. Está claro que Felipe se refiere a sí mismo, como lo demuestra que pusiese esa F inicial de su nombre en cada zueca. Por lo tanto, ese sentada no es tal sino un sentado como lo atestigua la traducción castellana: Estaba yo sentado junto al horno.

En la misma página, un poco más abajo, aparece: Aquitania, que está deitada asegún se entra polas portas de Francia. Tal como está, la frase no se entiende ya que le falta, después de deitada, poner  á man dereita,  como aparece en la traducción al castellano: Aquitania, que según se entra por  las puertas de Francia está extendida a mano derecha.

En el relato O reló de area y en la página 55, aparece el título del libro Da mantica variationibus, do demo que en alemán se chama Hornspiegel, que se anosa como “espello do corno”. Ese Da de la edición gallega debe ser un De tal como aparece en la traducción castellana y en más correcto latín: De mantica variationibus.

En la página 112 y  en el relato O hugonote de Friol se dice que el abate Laffite: …era gordo e labrego, parvo en latís, mui cerrado de barba. La traducción castellana aclara ese parvo que no es tal sino un parco en latines.

En A novela de Mosiu Tabarie se dice que a dona Florinda: …era o demo quen a atentaba… Ese atentaba deber ser un tentaba, para diferenciar atentar de tentar, tal como aparece en la traducción castellana: …era el demonio quien la tentaba…

En el Índice Onomástico se dice de don Michaelos que era el Basilisco maior de Constantinopla. Ese Basilisco no es tal, sino basileo como aparece en la traducción castellana. Basilisco significa tanto en castellano coma en gallego animal fabuloso que puede matar con la mirada. Basileo es un helenismo que no recogen la mayoría de los diccionarios y que equivale a rey.

Malos usos

En ocasiones, Cunqueiro usa mal algunas palabras gallegas. En el relato Historias do algaribo, en la página 45, aparece la frase: Non me devecían as festasDevecer significa en gallego desexar algo con ansiedade y es un verbo intransitivo, no pronominal. La traducción salva este mal uso en el gallego ya que en castellano aparece el verbo apetecer: No me apetecían las fiestas.

Lo mismo pasa en el relato A soldadura da princesiña de prata. En la página 58, Cunqueiro escribe: …i o tonsurado inzou á grupa ao monaguillo. Inzar significa en gallego proliferar, estenderse, espallarse, aparecer en gran cantidade, por lo tanto no se puede usar en esta frase. Tal vez por una falsa sinonimia interlingüística Cunqueiro hace corresponder el gallego inzar con el  castellano izar, pues así aparece en la traducción: …y el tonsurado izó a la grupa al monaguillo.

En el relato O Galo de Portugal, y en la página 115, se dice de don Esmeraldino da Cámara Mello de Limia, vizconde de Ribeirinha, que era mui lucido de luares.  Luar en gallego es la luz ou resplandor da Lúa. Para pequeña mancha en la piel,  tanto el gallego, como el castellano  o el portugués usan lunar. Se trata, por lo tanto de una falsa sinonimia interlingüística o de una ultracorrección. La traducción al castellano no deja lugar a dudas: Don Esmeraldino era muy lucido de lunares

En el  mismo relato y en la página 116, aparece la frase: …deseguida se puñan a seguirlle os pasos ao vizconde, a discutir de quén sería a dama caída, qué galano serviu de cepo ou si foi por amor… Ese cepo parece no encajar bien en la frase ni en las estrategias amorosas de don Esmeraldino. Tal vez sea un cebo, non un cepo. La traducción castellana no habla de cepo ni de cebo. La frase  qué galano serviu de cepo pasa al castellano como qué regalo le puso la zancadilla.

En la misma  página 116  se dice que … e toda Braga encheuse de falsas testemuñas doadamente levantadas de doncelas desvirgadas e maridos cornudos. En gallego testemuñas se refiere  a las personas que dan testemuño (testimonio) de algo o declaran  ante un juez. La traducción al castellano es la de testigo, no testimonio. Por lo tanto, lo que se esperaba era testemuños, non testemuñas. La traducción castellana de Cunqueiro resuelve el caso …y todo Braga se llenó de falsos testimonios fácilmente levantados…

 

NOTA: Por respeto y fidelidad a lo que escribió Cunqueiro, nada se puede hacer ni nada se debe corregir de estos u otros malos usos. Son parte de la lengua literaria del autor. Pero las que son evidentísimas erratas en el texto gallego, confirmadas por la propia traducción de Cunqueiro al castellano,  hecho que no deja lugar a dudas de  que lo son, sí que deben ser corregidas para así restaurar el genuino texto de Cunqueiro. Lo demás es falso respeto o superstición.

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