La reconversión del último Armesto

Galicia recuerda a Víctor Said Armesto.- Pocas veces un personaje que permanecía sumido en la más densa bruma del olvido, ha sido afrontado por los investigadores interdisciplinares más diversos desde tan distintos puntos de vista. Con una batería de actos sumamente variados y en tres espacios biográficos tan distintos como las ciudades de Pontevedra, donde nació en 1871; Compostela, en cuya Universidad se formó en parte, y Coruña, donde tiene su sede la Fundación Barrié de la Maza, en la que está hoy instalado uno de los dos depósitos documentales ineludibles para el estudio de su vida y de su obra (el otro continúa estando -desde hace muchos años- en el Museo de Pontevedra).

Nuestro Taller de Ediciones recibió como un honor el encargo de los organizadores para intervenir activamente en los actos de Pontevedra, donde estuvo José Antonio Duráncon su palabra, y con un audiovisual biográfico de su autoría. El documental que sigue y seguirá su tanda de estrenos en los actos multidiversosque se vienen celebrando. Hasta ahora en las tres ciudades gallegas aludidas.

 

Coruña cierra ahora la tercera de esas citas en la sede de la Fundación Barrié de la Maza. Y allí se estrenará este viernes, 14 de noviembre, en abierto, para todos los públicos, a las 19 horas, nuestro documental biográfico de la serie Atlántica Memoria, titulado: Víctor Said Armesto, el resplandor efímero. Una realización de Jorge Durán, con versiones en gallego y español, cuyos derechos de emisión en lengua gallega ha adquirido la Televisión de Galicia (TVG). La emisión forma parte, pues, de las diversas convocatorias programadas con motivo del Centenario de la Muertedel personaje (fallecido en el Madrid de 1914). En el Catálogo de esa exposición del Centenario figura también, con ligeras variantes y en su versión gallega, el texto de J. A. Durán que LA CUEVA DE ZARATUSTRA les ofrece aquí en español, como complemento y cierre de La novelesca historia de los Armesto de Pontevedra.

En la Pontevedra de Entresiglos
(De cómo el último no llegó a ser el epígono de los Armesto)

Víctor Said Armesto (Vitín, Vitiño), que había nacido en la Pontevedra democrática de 1871, se convirtió en el último de los Armesto pontevedreses en el fin de siglo. Cuando, entre 1899 y 1900, murieron, sucesivamente, su padre-abuelo, Constantino Armesto Cobián, y el hermano menor de este, tío-abuelo de Víctor. El republicano, masón y librepensador, Manuel Armesto Cobián.

Vitín vivió 30 de sus 43 años como brillante orador y propagandista de la tradición heterodoxa de los Armesto; pero no llegó a ser su epígono.

En sus últimos años tenía muy poco que ver con esa tradición. Bien por el contrario, recuperó la definitiva evolución política oficialista de su padre-abuelo, Constantino, gobernador civil de Sagasta y hombre muy considerado dentro de la familia liberal-demócrata. Y recuperó también la tradición pedagógica de su padre, Federico Saiz, colaborando intensamente con las iniciativas de los grandes impulsores de la Institución Libre de Enseñanza.

 

En un país como el nuestro, tan dado al guerracivilismo, penó por ello, perdiendo por completo la popularidad de que había disfrutado desde la niñez a la primera madurez.

En las izquierdas pontevedresas de la naciente Conjunción agrario-republicano-socialista, en efecto, su evolución definitiva sólo contó con la probada comprensión del lerrouxismo. Un movimiento social y un partido político donde ocupaban lugares de privilegio antiguos amigos pontevedreses de su edad, caso de Pepe Juncal (n. en 1869, hermano de Amelia, la cuñada de Alejandro Lerroux) o de Emiliano Iglesias, algo más joven que Vitín.

Tras la temprana separación matrimonial -nada amigable- de sus padres y el alejamiento de la madre, al crecer bajo tutela de la madre-abuela, Carmen Aldao (antes y después del escándalo de los disparos de ésta sobre su tío y preceptor, Indalecio Armesto, con la consiguiente reclusión en el reformatorio que formaba parte del manicomio de Conxo, y la separación matrimonial de Constantino), Víctor vive en un ambiente familiar cada vez más tenso y desestructurado. Debido a eso, la sorprendente reconversión de los últimos años fue muy original, compleja y precipitada, como era de esperar del potente individualismo de los Armesto.

Los escenarios de la reconversión
(De la Casa del Arco al Ateneo de Madrid)

La Casa del Arco, que había sido de los Méndez Núñez, donde moraban a finales del siglo XIX los Muruais (Jesús y Soledad, con sus consortes respectivos), fue el escenario de esa formidable transformación. Incluso el noviazgo y posterior casamiento con la ribeirana Amadora Santoro no se entiende sin esta célebre Casa del Arco, señoreada por otra ribeirana, Carmen Carrillo, la mujer de Jesús Muruais. Amiga de siempre y para siempre de los Santoro.

El casamiento se produjo, significativamente, el mismo año que murió la mamá-abuela, Carmen Aldao (1902). La transformación final se acelera desde entonces.

 

Desde ese momento, lo que llamamos vida de familia, de la que Vitín no había disfrutado jamás, se convirtió en objetivo prioritario del nuevo matrimonio. La recuperación de la madre, como colaboradora y como abuela de sus hijos, fue un éxito de esa política familiar.

Incluso la opción académica, iniciada con el noviazgo con Amadora, como ayudante primero y sustituto más tarde de Jesús Muruais en la cátedra del Instituto de Enseñanza Media de Pontevedra, no se entiende sin la perspectiva del casamiento y la familia numerosa que Víctor y Amadora fueron aumentando de año en año.

 

Esa opción académica –impensable para el personaje antes de su paso por la Casa del Arco– propició todos los movimientos posteriores como catedrático de Instituto. A pesar de ellos, como había sucedido con su abuelo Constantino y su tio Indalecio, será Madrid, el Ateneo madrileño y la muy influyente Pontevedra de la Villa y Corte quien propicie el definitivo despegue en todos los ámbitos del último Armesto pontevedrés.

La reconversión política
(Fin del anticlericalismo militante)

Para entender la original evolución del joven iconoclasta, me parece importante que llame la atención de mis lectores sobre este hecho. Entre 1899 y 1914 hubo cinco presidencias del Gobierno español muy pontevedresas: dos de Raimundo Fernández Villaverde, una del marqués de la Vega de Armijo, otra de Montero Ríos y otra más del yerno de este, Manuel García Prieto.

Pues bien: en el plano político, el Víctor republicano, anticlerical y activo iberista de la juventud, evolucionó hacia el liberalismo democrático del ferrolano José Canalejas y del diputado en Cortes por Pontevedra, Eduardo Vincenti (yerno también de Montero Ríos, padrino de una hija de Vitín, presidente del Centro Gallego y alcalde de Madrid en 1905 y 1913). La misma instalación que venía asumiendo entonces otro pontevedrés de su edad: Manuel Portela Valladares (presidente también del Centro Gallego de Madrid, hombre muy significado del movimiento madri-galaico de Acción Gallega, gobernador civil de Barcelona, bajo el mando de Canalejas, y con categoría de ministro). Personajes que –con Víctor Said- jugaron papeles subterráneos fundamentales en lo que hace a la idea de crear la primera cátedra de Lengua y Literatura Galaico-Portuguesa de la historia… Asunto éste de enorme actualidad en estos días de 2014, que me desborda en este momento, pero que prometo contarles de manera monográfica en La Cueva de Zaratustra con la atención que merece.

El erudito.
(Nace “rebelde de la letra muerta”

La reconversión del anticlerical histórico en católico practicante no fue menos rotunda. Tuvo enorme importancia biográfica. Verán por qué.

Como novísimo del catolicismo practicante y como liberal-demócrata, Vitín supo mantener excelentes relaciones con el regeneracionismo liberal de los neo-católicos silvelistas: Casto Sampedro, el ya mentado Raimundo Fernández Villaverde, los Pidal, los Mon, Marcelino Menéndez Pelayo, el marqués de Figueroa y, sobre todo, Augusto González Besada, defenderán su candidatura en lo que hace al desempeño de la cátedra de Lengua y Literatura Galaico-Portuguesa en la Universidad de Madrid; pero también fueron sus guías iniciáticos en la reorientación intelectual, dirigiéndolo hacia la más compartida de las aficiones comunes de todos ellos: las investigaciones folklóricas, literarias y filológicas de carácter erudito. Lo que lo convirtió en lo que jamás había sido hasta entonces: “rebelde de letra muerta”, por decirlo con la afortunada ironía de otro efímero pontevedrés de gran talento, Prudencio Canitrot.

Contra lo que muchos afirman, yo pienso que Murguía tuvo poco (por no decir nada) que ver en esa reconversión. Voy a explicarles brevemente por qué.

El cazador de romances
(Juan Menéndez Pidal en Pontevedra)

Como Casto Sampedro, Víctor Said comienza entonces -y sólo entonces- a valorar las investigaciones que los pontevedreses (para sorpresa del primer Murguía y de la novísima Rosalía de Castro), que procedían de Compostela, radicados entonces en Madrid (1851-1858), habían hecho con mucha anterioridad en todos esos campos, hasta redondear dos depósitos colectivos extraordinarios: el de la Sociedad Arqueológica de Pontevedra y el de los musicólogos colaboradores de Perfecto Feijóo.

En los libros que componen mi trilogía, centrada en la complicada personalidad de Murguía, publicada hace 15 años, ya trato de esto.

Mucho antes de Casto Sampedro, hay cosechas fundamentales de pontevedreses o residentes en Pontevedra del nivel Fray Martín Sarmiento, Marcial Valladares, Xoán Manuel Pintos, José Rodríguez Seoane, el Doctor López de la Vega, el extraordinario coleccionista José Casal Lois, Juan Cuveiro, el siempre sorprendente Juan Manuel Rodríguez de Cea…  En la prensa de los Armesto hay colaboracions memorables, como la de José Domínguez Izquierdo.

 

Ya les he contado cómo en las casas madrileñas de pontevedreses como Constantino Armesto o los Armero (parientes de Rosalía), se sabía de todo esto; sin embargo aún hoy sigue siendo demasiado desconocido en Galicia, por la mala práctica de infraestimar, desconocer o ignorar en los estudios locales o comunitarios la importancia extraordinaria de la Pontevedra y la Galicia de Madrid. Sobre todo en esa época.

Para más, en el plano intelectual, tanto en la erudición cómo en las investigaciones directas por villas y aldeas, la suerte jugó su propio papel al meter en la vida pontevedresa a dos hombres fundamentales: Juan Menéndez Pidal y Vicente García de Diego.

El regenerador neo-católico y silvelista asturiano Juan Menéndez Pidal, gobernador civil de la provincia entre 1899 y 1901, ya había publicado en 1885, 14 años antes de llegar la Pontevedra, un cuarto de siglo antes de que la Real Academia de Bellas Artes reconozca la importancia excepcional del Cancionero musical de Galicia de la Arqueológica y de Casto Sampedro, impulsado por Victor Said, ya había publicado -insisto- la formidable colecta, titulada Poesía popular: colección de los viejos romances que se cantan por los asturianos en la danza prima, esfoyazas y filandones, recogidas directamente de boca de él pueblo. Un pionero y un clásico, muy valorado en nuestros días, cuando se puede consultar directamente en la Biblioteca Digital Hispánica. En la Biblioteca Nacional de España, por su parte, he podido consultar tres ediciones recientes, en las que se completa la  investigación originaria. La última, de 2010. Clásico del que viene la efímera trayectoria no sólo de Víctor Said, como “cazador de romances populares”, pues también viene la monumental obra del hermano coruñés del gobernador: Ramón Menéndez Pidal. Nada más y nada menos.

La lírica galaico-portuguesa
(De Antero de Quental a Carolina Michaëlis)

La segunda llegada fundamental fue la del gramático Vicente García de Diego, cuya pasión por Pontevedra me transmitió personalmente su hijo, economista del Estado en el Ministerio de Educación, cuando se hizo la última reforma educativa del franquismo (Ley Villar Palasí, 1970), jamás mejorada con posterioridad. Una auténtica revolución en la que tuve la honra de participar muy activamente, bajo la alta dirección de la UNESCO, en Canarias, el País Vasco y, sobre todo, en Galicia (con el Banco Mundial y la Fundación Barriéde la Maza, en cuya sede se celebró una de las reuniones fundamentales de la reforma). Una experiencia que formará parte, si hay salud, de las Memorias de Tonio, experiencia vivida en su breve paréntesis de contratado público. Revolución en la que se educaron tantos profesores que ejercen hoy en todos los niveles educativos.

 

En paralelo, hay que tener muy en cuenta la antigua relación de Víctor Said con la politizada intelectualidad portuguesa de su juventud iconoclasta. Cuando La Guindilla, su periodiquito estudiantil, llegó a contar con un corresponsal en Portugal de increíble biografía: Adolfo Vázquez Gómez. Tío abuelo de los Calvo Sotelo históricos, pero republicano federal, a la sazón desterrado en Oporto por haberse implicado en el fallido pronunciamiento del brigadier Villacampa. Personaje al que, por propio merecimiento, dediqué hace muchos años (1991) una de mis Historias con Data  de la TVG. Relación que ayuda a entender los motivos de suspensión de La Guindilla en las mismas vísperas de la última intentona militar del siglo XIX.

Vitín era un devoto confeso de la poesía formidable del iberista Antero de Quental, hasta el extremo de abandonar para siempre por esa devoción su veta poética…

 

En Portugal transcurrió su viaje de novios, que fue de estudio, lo que le permitió seguir con la mayor atención los descubrimientos de los Cancioneiros galaico-portugueses, y -de manera particular- la extraordinaria edición del Cancioneiro daAjuda de su buena amiga Carolina Michaëlis.
La conjunción, en definitiva, de la particularidad pontevedresa con la galaico-portuguesa y con la cultura internacional prototípica de los Armesto, lo condujo al éxito.

Tal como se ve, en semejante evolución, Murguía juega un papel muy tardío e irrelevante, en mi concepto. Sus relaciones con los Armesto eran profundas, casi familiares, y venían de viejo; pero eran de otro orden…

 

La tragedia final
(“Genio y figura hasta lana sepultura”)

La sorpresa intelectual que produjo en España La leyenda de don Juan al conjugar la erudición y la escritura más exigente con la amenidad; su manera de conciliar las variantes locales de una leyenda con la información internacional que la propia leyenda exigía, produjo sensación. Una expectación a la que también había contribuido con anterioridad el excelente periodismo de investigación de los Armesto y de la época. Una edad de oro de la cultura humanística española. Es el caso de la contribución de Víctor a la hermosa serie Por la España Desconocida que publicó, junto a sus amigos Arturo Álvarez y Antonio Suárez de Puga, en el Heraldo de Madrid, reproducida por los antiguos compañeros de viaje de Adolfo Vázquez Gómez en Él Regional de Lugo (y en otros diarios gallegos). Cuando el excelente periódico de Canalejas, valorando las suyas, las pasó de tercera la primera plana.

 

Con todo y eso, como cuento en nuestro documental biográfico, Víctor fue -como un resplandor- efímero. La suya es, en realidad, la tragedia de los efímeros. Todo estaba iniciado, pero casi nada concluso, cuando aquel cuerpecito desmedrado no pudo resistir el ataque de la enfermedad y la acometida de la muerte.

Ya conocen los lectores de La Cueva de Zaratustra cuál fue el final de los Armesto de Pontevedra.

Víctor Said -el último Armesto- reprodujo la tragedia familiar de su padre, Federico Saiz, y la del primer Armesto pontevedrés, su bisabuelo, Pedro Armesto, Él Cantor de las Verdades, del que tantas historias tristes le había contado Constantino, Él Lindo don Diego.

 

La espiritista Amalia ArmestoAldao visitaba la tumba perdida de su único hijo entre los 500 mil enterramientos del entonces flamante Cementerio del Este de Madrid (que hoy forma parte de La Almundena). Aprovechaba esas visitas para darle a Vitiño noticias de Pontevedra. La gran pasión compartida por todos los integrantes de esta familia novelesca. “Vitiño no me contesta -aseguraba la madre- pero sé que me ve y que me oye?”.

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