El largo proceso por responsabilidades políticas seguido contra Alfonso R. Castelao se descaró a finales de enero de 1937. A los seis meses de iniciado el Alzamiento militar de julio del 36. Continuaba estando pendiente de resolución en abril de 1939. Cuando, al finalizar la guerra civil, Francisco Javier Sánchez Cantón tuvo que tomar de su mano distintas cuestiones de gran fuste que la contienda había enconado.

De incomparable volumen al de Portela Valladares (si se valora en términos estrictamente económicos), la incautación gubernativa del patrimonio de su antiguo amigo le afectaba de manera distinta. En este caso, no presentaba el más mínimo entresijo familiar (como el de Portela); pero le planteó una cuestión más directa. Íntima y delicada.

Siendo estrictamente profesional en la apariencia, su hondura era de orden moral y sentimental. Actualizaba y ponía a prueba la larga, honda y fecunda historia de su amistad con Castelao, gravemente afectada por la experiencia de la guerra.

Veamos algo de esto.

Historia de una amistad

(Del primer Castelao al clásico)

Con gran contento de Sánchez Cantón, la pintura literaria, al combinar anécdota caricaturesca y paisaje, singularizaban la obra creativa del Castelao clásico. Las páginas que le dedicó “La Esfera” en 1918 iluminan ese período, poco conocido. Cuando la Exposición “Nos” de los años 20 empezó a nacer.

Sánchez Cantón, por el contrario de la mayoría de sus panegiristas juveniles, no demostró el más mínimo entusiasmo por la caricatura de aldea con la que Alfonso R. Castelao se presentó en son de estrella en el Salón Iturrioz del Centro Gallego Madrid. En 1912. Cuando sus amigos de Acción Gallega le concedieron sala especial en la primera Exposición de Arte Gallego de la historia. El rianxeiro interpretó correctamente el silencio de Francisco Javier a través de amistades comunes (Prudencio Canitrot, Javierito Valcarce, Antonio Losada Diéguez). Perfeccionista, le intrigaba el porque de ese silencio. A partir de 1916, al establecerse en la Bella Helenes como pequeño funcionario de Estadística, buscó la relación directa con Francisco Javier. Como ambos se mostraron interesados en alimentarla, prendió pronto una amistad muy intensa, personal e intelectual. La primera crítica firmada por Sánchez Cantón (1917) aludiendo a su obra, ya es muy cálida. En su primer óleo, acierta a ver que el paisaje equilibraba y enriquecía la anécdota caricaturesca…

Debido a la interinfluencia generada por la nueva relación, el planteamiento estético y la praxis artística que yo mismo he rescatado del desconocimiento más absoluto en El primer Castelao (1972, 1976) se vieron afectadas hasta el extremo de que (en 1920) el rianxeiro comenzó a exponer en las ciudades gallegas y en Madrid unas estampas sociales con pie literario de extraordinaria hondura. No sólo entusiasmaron a Sánchez Cantón; pero estaban llamadas a perpetuarse (de la mano de éste) en una joya bibliográfica y artística de la que fue auténtico editor. Eso sí: muchos años más tarde (1931). Me refiero, en efecto, al Album NOS.

El secreto íntimo, jamás contado, que desvelaremos en esta entrega, guarda directa relación con esa historia, profunda e íntima, de dos amigos de evidente envergadura humana, biográfica e histórica.  

El patrimonio de Castelao

(No toda su obra fue objeto de incautación gubernativa)

Castelao pasaba en 1972 de la mitología particularista al reconocimiento internacional. El libro salió “con silencio administrativo” y saludable polémica. La primera edición se agotó de salida… Hoy es un clásico, muy buscado, pero inencontrable.

En esa rápida transición del primer Castelao al clasico, Francisco Javier (de palabra y por escrito, en Madrid y en Pontevedra) fue enseñando a sus amistades a valorar (además del trato, entrañable y divertido, del rianxeiro, que todos le reconocían) la importancia y la excepcionalidad de su obra artística y literaria, pues una y otra eran (para él), además de inseparables, la aportación más original de la cultura gallega a la creación contemporánea.

En sus propias palabras, hasta hoy (2011) desconocidas, pronunciadas con la emoción propia del caso en la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando, a los quince días de conocer que su antiguo amigo había muerto en el destierro (Buenos Aires,  1950):

Junto con sus dotes artísticas desarrolláronse en Castelao las literarias y fue el mejor prosista en gallego de nuestro tiempo; observaciones rápidas, como ampliaciones de los pies de las caricaturas, abrieron el camino a cuentos y hasta a novelas que, magistralmente, ilustraba…

Por el propio impulso de la amistad y guiados por la alta valoración de Francisco Javier, algunos amigos pontevedreses (hablo, sobre todo, de los hermanos Lino Sánchez y Enrique Fernández Villamil), dejarán al margen por completo sus posiciones ideológicas (antagónicas con las del Castelao frentepopulista), impidiendo que su obra artística y su biblioteca particular fuera objeto de rapiña, dispersión o destrucción (como sucedió con tantas otras, en una y en la otra España en guerra). Para ello, montaron guardia de cuanto permanecía en su casa y en el Museo de Pontevedra. Lo hicieron, como es lógico, cuando entendieron como un deber de ciudadanía hacerlo. Esto es: cuando comenzaron los informes policiales y los registros gubernativos que precedieron a la incautación gubernativa de su patrimonio.

Insistimos en este detalle, que aclararemos de inmediato. Estos amigos sólo pudieron salvar lo que permanecía en esa casa y en el Museo. Cuando, como consecuencia de informaciones llegadas de Madrid y Barcelona, comenzaron a circular en Pontevedra informes policiales, relativos al papel del rianxeiro en la organización de las milicias gallegas antifascistas.

Las moradas de Castelao

(El desgarro de la guerra civil en las familias beligerantes)

Tapa del Catálogo de la Exposición del Centenario (Ministerio de Cultura, 1986). Diseño intelectual de su comisario, José Antonio Durán; diseño artístico de Eugenia Alcorta. El “Tren Castelao” agotó una edición de varios miles de ejemplares. Nadie se desprendió de él. Hoy, inencontrable.

La obra original del primer Castelao, a pesar de su dispersión, la empezamos a conocer en 1972 y ya la conocíamos de manera suficiente cuando tuvimos el alto honor de organizar con el Ministerio de Cultura la Exposición conmemorativa del Centenario de su nacimiento (1986). Hace ahora un cuarto de siglo. Fue entonces cuando comenzamos a reparar en que no sucedía lo mismo con la obra del Castelao clásico (1916-1931). No hemos avanzado apenas desde entonces. El paradero de las 50 estampas originales de la Exposición Nos y de los diseños que sirvieron a la imprenta Hauser y Menet para componer esa joya bibliográfica y artística que es el Album Nos, sin ir más lejos, permanecen a día de hoy en paradero desconocido.

Veremos después el peso decisivo que tuvo Sánchez Cantón en la edición de esta joya artística y bibliográfica; pero hay que descartar que fuera él quien retuvo los originales (algo que yo mismo he llegado a maliciar, comentándolo incluso con mis colaboradores de entonces, durante años). Ahora sé que en la correspondencia cruzada entre ambos, Castelao pidió a su amigo que pusiera especial cuidado en recoger esos originales de la imprenta, haciéndoselos llegar. Meticuloso en toda clase de extremos, puede asegurarse que así se hizo. Esos originales, sin embargo, no constan en los bienes que fueron objeto de la incautación gubernativa, meticulosamente anotados por los instructores. Y es lógico que así fuera.

Las moradas del Castelao republicano eran básicamente tres en la Galicia de 1936.

La casa de su madre y sus hermanas, sita en la rúa de Abaixo de Rianxo, la visitaba de manera muy esporádica desde 1914. Se vio afectada, además, por la incautación. Con el mismo rigor que el piso de la calle de la Oliva (números 4-6, con portal único) donde Alfonso vivía como inquilino en Pontevedra. Allí ni hay ni ha habido nunca, por esa razón, obra de su segunda época.

No sucedió lo mismo con  las casas de su familia política: los Pereira (A Estrada, Santiago, Vigo). Y también es lógico que así fuera, porque –en 1936- estos Pereira no eran sospechosos (en absoluto) de comunión con la trayectoria política del Castelao republicano y mucho menos con su radicalización frentepopulista (1935-1939)

La casa 4-6 de la Calle de la Oliva

(Clemencia y los Pereira)

Los hermanos Lino Sánchez formaban parte del Club Karepas de remadores por el río Lérez y la ría de Pontevedra, del que también formaban parte Castelao y Sánchez Cantón.

La rama militar de los Pereira, la más allegada a Virxinia (la esposa del rianxeiro), era monárquica y liberal-autoritaria. Dos cuñados de Alfonso (Ángel Pereira y Alfredo Pérez Viondi), de manera coherente, incluso se valieron de la llamada Ley Azaña para apartarse del Ejército, en 1932. Se reincorporaron después, de manera ostensible, al Alzamiento militar y al llamado Movimiento Nacional. Desde el primer momento. En el trágico verano gallego de 1936 y en los meses subsiguientes este sector de la familia incluso tuvo alguna presencia en los tribunales militares.

En perfecta comunión con ellos, Clemencia Pereira, otra hermana de Virginia, no sólo tenía llaves del piso pontevedrés de la calle de la Oliva, residencia principal de Alfonso y Virxinia. Aquélla también era su casa, porque vivía con ellos desde el fallecimiento de su esposo. Y porque Clemencia y su difunto (que no tuvieron hijos) habían acogido en la suya al joven matrimonio y a Alfonsiño al establecerse en Pontevedra (1916).

Tampoco las hermanas y la madre de Alfonso R. Castelao entendieron nunca su radicalización política frentepopulista.

Hace muchos años, cuando Josefina llevaba la voz cantante en la casa de Rianxo (y gran amistad conmigo), me contó como (ella y su hermana, Teresa) le recriminaban la intervención en los mítines del Frente Popular, compartiendo tribuna con el comunista Adriano Romero Cachinero. Daniel (éste seguía siendo el nombre familiar de Alfonso en la casa de sus padres), respondía con afecto: “Deixádeme a min. Vos: a vosa misiña…”. Pero el significado político de Castelao (y de un segmento de los Castelao rianxeiros) ya era otra cosa. Razón de que esta casa familiar se viera muy afectada por la incautación y la sospecha, como otras casas de Rianxo, tal como vienen contando Pepe Comoxo, Xesús Santos y Costa Rodil…

La obra perdida

(Incautación “familiar” e incautación “gubernativa”)

En 1985-1986, con parquedad, pero de manera clara, Alfonso Fidalgo, que había tenido en 1936 la misma significación que sus familiares, los Pereira, me insinuó lo que ahora me aclaran Javier Baltar y Emma Lino Varela con lujo de detalles complementarios.

Ya se dijo que fue entonces, al ir seleccionando la obra a exponer en la Exposición Castelao y en el Tren del Centenario (1986), cuando surgió por primera vez este asunto de la obra perdida y dispersa. Fidalgo se refirió al asunto con máxima prudencia. Entendible, dadas las aristas que entrañó la guerra civil para las familias.

Resulta que, consumado el triunfo del Ejército sublevado en la ciudad y “normalizada” la vida cotidiana en la provincia de Pontevedra, tanto Clemencia como los hermanos de Virginia tuvieron ¡¡seis meses!! para realizar un primer escrutinio, desplazando parte de la obra artística a sus propias casas. Con la mayor normalidad.

Se guardaba esta obra no sólo en el piso aludido de la calle de la Oliva.

La propiedad de la casa 4-6 con portal único era de la madre de los Lino Sánchez (allí residente, fallecida en 1945). Las condiciones del inquilinato o la costumbre daba acceso a los inquilinos a sendos fayados, de uso común, donde abundaban las maletas. Así pues, como los demás vecinos del inmueble, una parte de la obra de Castelao se guardaba en esas maletas del fayado del num. 4. Pero allí (me dice Emma Lino) se recuperó muy poca obra…

Hay que distinguir, pues, entre la “incautación gubernativa” y la “familiar”, por así decir. Y también los tiempos de estas incautaciones.

La obra recuperada

(Los once lienzos del Museo Sánchez Cantón)

El comerciante pontevedrés Casiano Peláez, propietario de “El Globo”

El primer registro gubernativo se produjo el 1 de febrero de 1937. Por sorpresa. Tuvo “algo” de irregular. Verán por qué.

Desde la instalación en Madrid del Castelao (diputado en Cortes) y su mujer, Clemencia Pereira dejó de vivir con continuidad en el piso de la Oliva. Ese día, ni siquiera estuvo presente en el registro. Tampoco estuvo la propietaria, ni sus hijos -los Lino Sánchez- fueron avisados. Su casa la franqueó Casiano Peláez. Un comerciante afecto a la nueva situación que tenía su tienda (“El Globo”) instalada en régimen de alquiler en los bajos de la casa…

La situación se normalizó en los registros posteriores. Cuando los agentes contaron no sólo con la presencia de Clemencia. Ésta se vio asistida por Pepe Lino Sánchez, en su primera intervención (la del vigilante), porque (además de llevar la gerencia de la casa de su madre y de residir en ella) era abogado y concejal, formando parte por serlo de la gestora provincial. Gozaba, pues, de perfecta instalación político-social, como todos los integrantes pontevedreses de Dereita Galeguista (excisión del Partido Galeguista –el de Castelao- al integrarse éste en el Frente Popular). Pero ya entonces (febrero, 1937), como queda dicho, una parte desconocida de la obra del artista de Rianxo había “volado” de la casa de la Oliva. Y el meticuloso registro, como la temida incautación gubernativa, sólo reforzó el secreto acerca de la previa “incautación” familiar.

Así pues, siendo esa la situación de origen, las circunstancias familiares posteriores de los Pereira dispersaron esa otra obra, sacándola en la mayor parte de Galicia, maliciándose que pudiera estar hoy en las Américas. En Venezuela, sobre todo, sospecha Javier Baltar…

Perdida y dispersa la obra “incautada” por la familia política de Castelao, no deja de resultar paradójico (y digno de loa) que fuera la obra resultante del registro gubernativo y la consiguiente catalogación, custodiada por adversarios políticos de Castelao (pero antiguos amigos personales y políticos de Pontevedra), la que se acabara salvando. Sin un rasguño. Detalle importantísimo. Porque esa fue la primera razón de que quedara para goce y disfrute de todos los ciudadanos del mundo, tras una serie de peripecias dignas de conocer (peripecias que iremos relatando en La Cueva de Zaratustra). Empezando por ésta, que paso a describir.

Informados (¿por quién?) los agentes de los sucesivos registros de que, además de la obra incautada en la casa de la Oliva, había once lienzos depositados por Castelao en el Museo de Pontevedra, también éstos fueron objeto de la gubernativa incautación. Y ese fue el motivo de que Francisco Javier Sánchez Cantón se viera afectado por ésta de una manera muy especial. Dado que aquellos cuadros eran moralmente suyos. Un secreto íntimo que prometimos desvelar y desvelamos a partir de aquí.

La primorosa edición del Album Nos

(Sánchez Cantón, pagano y editor)

Meu querido amigo: Recibín as probas (de imprenta) que me mandaches (do Album NOS) Están ben, ben, ben. Fiquei coa boca aberta e se che digo a verdade parécenme mellor que o orixinal (…) Non podes decatarte de canto estimo a túa axuda n’este caso. A edición do album foi sempre a miña ilusión; pero sempre pensei nunha edición de luxo, que para facer unha chafallada non precisei agardar tanto tempo. Todo canto ti dispoñas estará ben. Teño en ti tod’a confianza que se pode ter. E nada máis.

Cartas de Castelao a Sánchez Cantón (1931)
15-II

As segundas probas que mandaches deixáronos aínda máis pasmados (…) A min gústame de tal xeito que non me parecen cousa miña. Non te rías; pero eu coido que eses dibuxos son “dibuxos dun morto”.

2-III

Dígoche de verdade que estou cheo de contentamento. Endexamais logrei que un traballo meu me enchese tanto, nin soñado… A edición, como ti a levas, paréceme a cousa máis limpa, máis honrada, máis fidalga, que levo visto (…) Moita ledicia me din que as laminas lle gustasen tanto a (Álvarez) Sotomayor ¿gustaranlle agora os pes? A min paréceme que os pes son a sorpresa n’este album… caro (non quero falar de luxo)

5-III

Meu querido amigo: E para máis aínda me escribes en galego, e moi ben por certo. Déitome pensando no libro e desperto pensando no libro… A miña muller comeza a celarse xa. As derradeiras probas, que se recibiron hoxe, gardoumas para dispois de comer e díxome: “porque si chas dou antes non comes de modo”.

15-III

“O guía da danza de espadas”, uno de los once lienzos depositados por Castelao en el Museo Sánchez Cantón de Pontevedra.

Tras ¡once años de espera! la edición del Album NOS se estaba cocinando, tal como se ve en esta cálida correspondencia, en vísperas de un acontecimiento de máxima importancia, histórica y biográfica: la proclamación de la Segunda República en España (14-IV-1931).

La demora hizo que esa calidez de las cartas de Castelao se mantuviera hasta mucho más allá del 20 de marzo de que habla el colofón del libro (víspera de San Benitiño de Lérez: un culto, un espacio y un río emblemáticos para el conjunto de viejos amigos pontevedreses, los karepas, implicados en esta historia). Así pues, a la edición de éste vino a añadirse la felicitación del karepas Francisco Javier, al conocer el brillante éxito político del karepas Castelao, flamante diputado electo, con excelente votación, para las Cortes Constituyentes de la nueva República…

Es importante llevar de cuenta la calidez de la amistad existente entre los dos protagonistas principales de este Episodio, radicados ambos en Madrid desde julio hasta el traslado de Castelao a Barcelona (octubre, 1936, bien entrada la guerra civil), para entender el impacto que produjo a Sánchez Cantón conocer –años más tarde- los efectos de la incautación de la obra artística de su antiguo amigo. Porque, como adelantaba, no toda la obra incautada de Castelao procedía del piso y el fayado de la mencionada casa de los Lino Sánchez (965 piezas, según  inventario, y 808 títulos de la Biblioteca, según las informaciones procesales y las catalogaciones publicadas por Modesto Barcia y Mercedes Alsina, respectivamente). Además de esa obra, e igualmente afectada por la incautación, también estaba el pequeño depósito que el propio Castelao había entregado para su exposición permanente en el Museo Sánchez Cantónde Pontevedra. Los once lienzos coloristas que el mismo quiso regalar a Francisco Javier en 1931, como muestra de agradecimiento por la extraordinaria edición del Album NOS, que su amigo había cuidado en Madrid con mimo especialísimo, paseándola con orgullo por las Reales Academias y costeándola además en gran medida (si no en su totalidad). Veamos algo de esto.

“Vento mareiro”, otro de los once lienzos afectados por la incautación gubernativa, símbolo de la amistad de Castelao, Ramón Cabanillas y Sánchez Cantón.

El secreto

(¿Quién pagó el Album Nos?

El Album NOS (así consta en el colofón y se viene reiterando en las biografías) lo pagaron media ducia de amigos de Pontevedra. Así dice, en efecto; pero nunca lo hicieron. Se trata de una piadosa mentira o de una deuda que casi todos (o todos) olvidaron. Por distintos motivos, a veces políticos, dada la rápida conversión de Castelao (tan “viudo de la Monarquía” como Portela Valladares y como la inmensa mayoría de los españolitos de entonces) en republicano.

Filgueira Valverde, secretario a la sazón (1931) del Museo Sánchez Cantón, nos habló de cuatro paganos, y sólo cuatro. Descartaba entre risas (por su fama, bien ganada, de “mal pagador”, a Valentín Paz Andrade). Así pues, a pesar de los esfuerzos de Sánchez Cantón resaltando la importancia incuestionable de su obra, la valoración real de amigos y correligionarios de Castelao era poco entusiástica… en aquellos meses de 1931. Cuando, además del texto autógrafo de la introducción, comenzaba a ejercer de político (más hacia la calle que en la correspondencia íntima, pues en ésta se muestra absolutamente crítico y desconfiado con los históricos republi-cans –así, con guiión- de Pontevedra). Después, al difundir en prensa una caricatura cada vez más agresiva, partidaria y anecdótica (muy intencionada, pero de dudosa calidad artística y humorística, como sucede hoy mismo con la inmensa mayoría de la que llamamos caricatura política), molestaba –incluso- a muchos de sus amigos de toda la vida. Esa obra gráfica rompía, además, con la precedente: la caricatura social (de intención política, pero no partidaria, que no es lo mismo) de Goya o del Album Nos… Pese a ello, la relación con Sánchez Cantón continuó siendo intensa tras el triunfo del Frente Popular (febrero de 1936)…

Es fácil presuponer, sabido lo anterior, que la mayor parte del costo de la edición de lujo del Album (si no la totalidad) recayó en Sánchez Cantón. Pero éste ni siquiera consintió a Castelao que su nombre figurara, como quería éste, en el colofón definitivo, donde sí figura la piadosa mentira de los paganos falsos.

Se entenderá, pues, que el rianxeiro (sintiéndose en deuda de eterna gratitud) quisiera pagarle de algún modo. De imposible rechazo. E ingenió este modo, digno de él e infalible.

A pesar de su sempiterna disidencia (política e intelectual) con Casto Sampedro (director formal, que no real, del Museo de Pontevedra), Castelao propuso a Sánchez Cantón que esos once lienzos que quería regalarle (y no aceptaba) fueran enmarcados y expuestos como parte de la obra de un Museo, de evidente importancia para la vida de la ciudad, que los dos habían soñado y montado juntos, con sus propias manos, y con el respaldo absoluto de otro disidente (político) de Casto Sampedro, caído en desgracia con la proclamación de la República: Daniel de la Sota, magnífico presidente de la Diputación de Pontevedra en la Dictadura del general Primo de Rivera (1923-1930), del que ambos (y Portela Valladares) habían sido consejeros y propagandistas.

Depositados, en definitiva, por el flamante neo-diputado de la República, allí permanecieron los once cuadros desde diciembre de 1931 hasta el 24 de febrero de 1937, cuando –al estar en mero depósito– quedaron retenidos y afectados por el proceso de incautación, junto a las demás piezas del inventario y de los libros de la biblioteca.

Se entiende, pues, que esos cuadros moralmente suyostuvieran para Sánchez Cantón un valor sentimental, añadido al artístico, en su retorno a la vida gallega y a Pontevedra de 1939. Eran el recordatorio de la tragedia íntima que había supuesto para las amistades y para las familias la guerra civil.

Próxima entrega:
EL ARTE COMO MUNICIÓN SIMBÓLICA

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