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Palabra y Ensayo: CASTELAO Y CASARES QUIROGA
Enviado el Monday, 03 October a las 10:15:00
Tópico: BlogMultimedia
Castelao y Casares Quiroga. Por José Antonio Durán
Castelao en Montevideo

Hace pocos años, cuando mi querido amigo José Luis Calle convirtió el Centro Gallego de Castellón en uno de los más activos del mundo, comencé a frecuentar aquellas tierras y aquellos paisanos, para mi inolvidables. Una vez, llegué a competir como conferenciante, a teatro lleno, con un concertista. Fue en una de aquellas visitas, con ocasión de cumplirse los cincuenta años de la muerte de Castelao y Casares Quiroga, cuando pronuncié en una céntrica librería de la ciudad esta conferencia.
















Casares Quiroga y Castelao sólo se llevaban dos años; pero murieron casi al mismo tiempo. Con cuarenta días de diferencia. Vivieron en ese paréntesis existencial trayectorias muy distintas. Sin embargo, comenzaron a tratarse de tu cuando eran estudiantes, mirándose un tanto de reojo, porque presentan como notas distintivas las de haber sido líderes desde la juventud.
No compitieron jamás en el campo profesional. Como médico o como funcionario, Castelao no tuvo relevancia. Como caricaturista y humorista gráfico, gozó de fama y prestigio fuera de toda duda. Dentro y fuera de Galicia. Casaritos -aunque lo quisiera- no podría dejar de admirarle en ese aspecto, porque lo admiraban incluso enemigos políticos como Viturro, su cacique por excelencia. Casares, abogado laboralista, administraba empresas y patrimonios importantes e impulsó negocios de mucho éxito. No tenían por que tropezar en este aspecto.

Llevaron como cruz existencial las enfermedades respectivas. Castelao, dibujante excepcional, amenazado de ceguera, muere ciego; Casares vivió desde los cinco años una tuberculosis mortal. A fuerza de cuidados, será el único supervivente de su extensa familia. La enfermedad hizo de él un estudiante vocacional de mucha lectura, buena pluma y fácil oratoria que sólo los adversarios calificaban de agresiva.
Meticuloso, parecía a los partidarios frío, escéptico, volteriano y perezoso. Únicamente en los negocios fue hijo de papá. En la vida pública (contra lo que pensaba Castelao) era consecuencia de la muerte del hermano mayor. Una especie de héroe generoso y popular, como salido de un folletón romántico. Arturo Casares tuvo un entierro civil casi tan espectacular como la recepción que le hizo La Coruña a Santiaguito Casares cuando se proclamó la República, y tan emotivo como el entierro católico de Castelao en Buenos Aires. La presencia inconfundible del movimiento obrero hacía ver que los hijos de don Santiago (abogados generosos, sin minuta, del más potente sindicalismo anarquista de la España atlántica), no eran señoritos como los otros. Por eso fueron, de principio a fin, odiados por el elemento reaccionario, militarista y clericalista, alzado en 1936, cuando Casares Quiroga era jefe del Gobierno español y su otro yo, Manuel Azaña, presidente de la República.

En el trato directo, Castelao y Casares tenían un raro poder de seducción. Sin embargo, cuando se encontraban producían el uno en el otro impresión más bien penosa. Fueron, por lo mismo, embajadores extraordinarios -pero alternativos- de las respectivas causas.
Casares, republicano de izquierdas sin otro adjetivo, abanderado de un fenómeno urbano casi único en la vida española: el fenómeno de La Coruña republicana. Muy poco conocido en España; intencionadamente silenciado en el resto de Galicia. Porque aquella ciudad-puerto era algo así como una isla roja barada en un mar azul-monárquico.
Castelao, por su parte, embajador de la propia creación artística e intelectual, puesta al servicio de las tres causas políticas en las que milita sucesivamente: el maurismo conservador de los barberos anticaciquistas de Rianxo, el agrarismo de Basilio Alvarez y Portela Valladares, y el galeguismo que va de las Irmandades da Fala al nacionalismo federalizante, pasando por la lucha del Partido Galleguista.

Produjo el rianxeiro en ese trecho biográfico una serie sin fin de cousas da vida: arquetipos y reflexiones -gráficas y literarias- que se tienen por la más depurada interpretación del ser de Galicia. Decantadas después en Sempre en Galiza. Un libro donde revela incapacidad para la acción, según el líder del Partido Nacionalista Vasco coetáneo. Para muchos, la biblia sentimental del pensamento galleguista. Obra menor, para nosotros; pero, para algún prestigioso historiador de las ideologías, la aportación global más interesante del nacionalismo periférico español en la primera mitad del siglo. Tal era (como continúa siendo) la penuria intelectual de este tipo de movimientos nacionalistas periféricos, tan confusos como el juntismo español de donde provienen.

Unas caracterizaciones del ser de Galicia en las que entran más mal que bien señoritos como los Casares Quiroga (y el propio Castelao, como señorito e intelectual urbano), y del que están demasiado ausentes los movimientos radicales, campesinos y obreros de avanzada socialista e internacionalista. Incluso algunos inequivocamente gallegos, caso de los canteiros -socialistas y comunistas- o los anarquistas de las áreas portuarias. Y, por lo que importa a esta intervención, movimientos ciudadanos, como el citado fenómeno de La Coruña Republicana.

Herederos de revolucionarios románticos, como Espoz y Mina, Riego o Mendizábal, hijos y nietos de los progresistas de Juana de Vega (la viuda de Mina) los repúblicos coruñeses ya tuvieron diputados y alcaldes republicanos antes de la Primera República.
Desde finales del siglo XIX hasta 1936, a pesar de los cuidadosos controles caciquistas del sistema establecido por la primera Restauración borbona, sacaban -a puro voto- mayorías republicanas sistemáticas para el Gobierno del Ayuntamiento.
Ni por eso se libraron de ser gobernados por alcaldes monárquicos, impuestos gubernativamente de Real Orden hasta los sucesos revolucionarios de 1917 (sucesos en los que Casaritos tuvo intensa participación, como en tantos otros acontecimientos anteriores y posteriores). Porque Casares sí que era, a pesar de su gravísima dolencia, hombre de acción.

Si desea seguir leyendo la segunda parte
pulse aquí

A continuación unos fragmentos del documental
Triunfo y Tragedia:
La saga de los Casares



Nota: Escrito por José Antonio Durán

 
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