La furia española
Una de las grandes paradojas que
entraña la mitología de la furia española, tan ligada a los orígenes del
fútbol español y al éxito (sorprendente) de los leones rojos en la
Olimpiada de Amberes (1920), radica en este pequeño detalle, digno de la mayor
consideración. En la célebre selección nacional formada por los Zamora y
Cía. sólo participaron las tres canteras marítimas que originaron la
futbolización de España: la catalana, la vasca y la gallega.
¡¡Paradógico, pero
incuestionable!! Las tres nacionalidades históricas de la (aún) vigente
Constitución alimentaron ese mito, tan español.
Dado el peso (lógico) de estas
tres canteras históricas en la génesis del fútbol español de alta competición,
conocido el habitual mangoneo que caracteriza a los estamentos deportivos, la
Liga y la misma formación de una selección española de fútbol se
retrasó en España mucho más de lo que fue común en Europa; pero, desde Amberes,
uno de los grandes sueños de los organizadores de espectáculos deportivos en
España buscaba la confrontación directa con los fundadores del que se nos vende
como deporte-rey.
Los inventores del fútbol
Como inventores del fútbol, con
potentes campeonatos locales que precedieron a las Ligas nacionales y a los
grandes torneos internacionales, los británicos mantienen en juego tres
selecciones territoriales. Son la envidia de todos los patriotismos emergentes
del planeta.
Desde sus primitivos torneos
locales, el fútbol británico también confrontaba entre sí las selecciones de
Escocia, País de Gales e Inglaterra (de manera algo más compleja, la de Eire).
Cada año. Con la mayor normalidad.
Una añoranza que también
encandila a los patriotas profesionales españoles, los de la tajada,
desconocedores (o silenciadores) del hecho de que también aquí se ensayó el
patrón británico durante dos décadas. Pasa que los torneos regionales,
inter-regionales e internacionales de esas selecciones locales
en España desgastaban (más que afirmaban) el patrioterismo, con sus conflictos,
violentos e intestinos, de triste memoria. La Liga Nacional de Fútbol
nació muy tarde en España; pero fue un éxito organizativo más que evidente. En estos días cumple 80 años y mantiene completa lozanía.
El fútbol, como decía, es una
metáfora de la sociedad y un campo de experimentación de primer orden. Por eso
nos interesó siempre como veteranos investigadores de la sociedad misma. Y no
sólo porque nosotros, contrariamente a tantos de nuestro tiempo, venimos del
deporte…
“La pérfida Albión”
Los añorantes de la privilegiada
situación británica (tres selecciones compitiendo, incluso en el plano
internacional) propenden a desconocer (o a silenciar) otras dos circunstancias
particularizadoras.
La vanguardia del fútbol
británico tardó mucho en ser inglesa. Fue mayormente escocesa (y,
dentro del fútbol escocés, aún más católica que protestante).
Tampoco parecen saber (o se lo callan) que los grandes torneos culminaban en
Londres y que las finales, celebradas con enorme concurrencia, eran a mayor
gloria de Victoria de Kent, reina unitaria e imperial de la Gran Bretaña.
Sentado lo anterior, se entiende
que la representación futbolística de Inglaterra (no de la Gran Bretaña) tuviera
entre nosotros una carga simbólica adicional. Con todo y eso, acabó por
superarse. Los enfrentamientos con la “pérfida Albión” se iniciaron en 1929,
alentados o asumidos por todos los sectores de la Federación Española de Fútbol.
El primer España-Inglaterra
El éxito organizativo de los
hombres que gerenciaban el fútbol español en 1929 (cuando la primera Dictadura,
no se olvide: la de Primo de Rivera, 1923-1930) fue reconocido en todo el mundo. Y
es lógico, porque merecía serlo.
El fútbol británico era reacio
hasta entonces a abandonar las Islas; pero la ocasión parecía propicia. En
territorio español, ese mismo año, nacieron formalmente los Campeonatos del
Mundo de selecciones nacionales. Hasta entonces, como se sabe, el
fútbol internacional lucía en exclusiva como un número más de las Olimpiadas.
El primer España-Inglaterra, como
tantos otros fastos de 1929, se tejió en Barcelona; pero el histórico partido se
celebró en Madrid. Confirmó todas las expectativas y supuso un nuevo éxito
deportivo de la Selección española.
La era del fútbol radiofónico
Fue en aquel acontecimiento
cuando a la épica de los jugadores en el campo de juego se sumó, por primera
vez, la narración radiofónica. La protagonizó un locutor gallego de Radio
Madrid: Santiago Fuertes Peralba. Sin embargo, ¿quién recuerda hoy el
resultado o al locutor?. ¡¡Qué diferencia con el gol de Zarra en los Campeonatos
del Mundo de Brasil, 1950!!
Cesáreo González tuvo mucho que ver con la evolución posterior del
espectáculo futbolístico, indisociado ya del radiofónico. Presidente del Real
Club Celta durante la República, era un “camisa vieja” de Falange Española, y
fue nombrado “gestor único” del fútbol gallego en la llamada zona nacional
en la Guerra Civil.
La FIFA reconoce a la España de
Franco
Como gestor, Cesáreo montó los
primeros partidos internacionales de fútbol de la España insurrecta. La
F.I.F.A., nacida en Barcelona en 1929, se encontró de pronto con una cuestión de
enorme alcance, político y diplomático.
Esos partidos internacionales de
Cesáreo González, en efecto, suponían el tácito reconocimiento de unos
insurgentes, muy ligados al fútbol (cierto), pero alzados en armas contra el
Gobierno de la República. ¡El único Gobierno legal, reconocido
internacionalmente!
Los “historiadores” españoles de
la España Leal, tan desinformados de las otras Españas, nos han contado
-como si fueran gestas- las desdichadas salidas del Barcelona o de la
Selección de Euskadi. La “guerra dentro de la guerra” de aquella España se
hizo aún más pública y manifiesta en su absurdo periplo “propagandístico”.
Mientras tanto, los mismos “historiadores” guardan riguroso silencio, desconocen
o aminoran cuanto pueden la importancia de la selección unitaria del
cinematográfico gestor gallego. Esto es: de quienes serían (a la postre)
vencedores de la guerra civil. ¡¡La más pura desmemoria se vende como memoria
histórica!! ¿Otra metáfora?
Franco prohibe la salida de la Selección Nacional
(La Segunda Guerra Mundial)
Tras su triunfo en la guerra
civil española, la segunda guerra civil internacional interrumpió todo el
proceso futbolístico. Al confirmarse la victoria aliada, el Taller de
Espectáculos del general Franco, escudándose en los malos resultados, cortó
la presencia de una España mal situada internacionalmente en las competiciones y
enfrentamientos exteriores. No eran los resultados, sin embargo. El régimen
evitaba lo inevitable: conflictos y abucheos –lógicos- por parte de los
vencedores y de los desterrados españoles. Una circunstancia que también alcanzó
a Alemania e Italia, grandes potencias futbolísticas ya por entonces. El cine y
la radio resultaban, como diversiones públicas de fácil control, mucho más
rentables al Caudillo.
Evita Perón
Sin embargo, casi de la noche a
la mañana, en la peor de las circunstancias que se pueda suponer, cuando los
embajadores abandonaban las embajadas en Madrid (diciembre, 1946), la
futbolización española, aliada con la Argentina del general Perón (dos
neutrales en esa Guerra), transformó el mundo en lo que hace a este
deporte-espectáculo. La primera Copa de la Liga de España produce
escalofrío a los actuales panegiristas del fútbol, local, autonómico y español,
porque se llamó entre nosotros Trofeo Eva Duarte de Perón. Y fue así como
la España de Franco, tan mal vista en el plano (político) internacional,
amparándose en toda clase de neutrales, no sólo contribuyó a normalizar
el fútbol en Europa. También pudo concurrir (como si nada) a los Campeonatos del
Mundo de Brasil (1950). ¡¡Los primeros de posguerra!! Donde no pudieron estar
Italia, ni Alemania. ¡¡Como si nada, insisto en ello!!
El gol de Zarra
Al éxito diplomático, evidente,
del franquismo, se unió el deportivo.
El gol de Zarra, cantado
de manera mítica por los mitólogos más cálidos de la radio de entonces (Matías
Prats, andaluz, y nuestro paisano Enrique Mariñas) sólo fue un gol. Ni
siquiera, como tal, añadía nada al ciento y la madre de los que Telmo
Zarraonaindía (vasco inequívoco y gallego de veraneo, según me informa mi
querido amigo Perfecto Conde Muruais) había “marcado” antes y “marcaría·
después; pero aun hoy lo firmarían, con idéntico entusiasmo, los Gobiernos.
¡Fueran del color que fueren!
Para más, el gol se le coló a
Inglaterra, a la radio inglesa y a todos los adversarios exteriores del general
Franco. Por eso fue el No-Do, como informativo oficial, más aún que la radio,
quien lo convirtió (con la voz exclusiva de Matías Prats) en mitológico, al
producirse la transición a la era del cine. ¡El mejor cine de todos los
tiempos!
La realidad de las mitologías
Desde el punto de vista
futbolístico, la victoria tenía poco mérito, esa es la verdad, porque una Gran
Bretaña con tres selecciones nacionales compitiendo en el campo internacional,
no puede aspirar a mucho más de lo que ha conseguido.
En el siguiente compás del mismo
Campeonato, la “hombrada” de España la repitieron los Estados Unidos, que nada
eran (ni son) en el mundo del fútbol; pero, incluso en el plano deportivo, la
selección española logró entonces un honroso ¡¡cuarto puesto!!, nunca más
logrado.
Y ahora, queridos lectores-as,
pongan ustedes el punto y final, con la experiencia que tienen del reciente
éxito (indiscutible) de España en los Campeonatos de Europa (2007).
Si en 2010, la selección española
lograra mejorar aquella clasificación, jamás igualada ¿cual no ha de ser la
locura y el voceo mítico de los
curitas y frailones que nos agobian en el día a día con las fazañas
deportivas y la monserga de la mejor Liga del Mundo?
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