“La Máscara” de Alfredo Vicenti
En 1872 era Vicenti un mozo de 22 años, republicano, federal y jaranero. Acababa de graduarse en Medicina. Tras el viaje ritual, que él hizo a Andalucía, tomando la vieja vía portuguesa, se encerró en la aldea de Castrotión. En la Ulla. Muy cerca del bellísimo pazo de Oca. Desde aquel entonces, en sucesivas estancias posteriores, el médico en prácticas comenzó a contar, corte a corte, su experiencia de la vida aldeana. Una memoria insólita, llamada a revolucionarlo todo por la calidad de unos textos dignos de su talento, su sentido de la observación y de su pluma. Memorables.
La máscara” sólo es, pues, uno de esos textos legendarios de A orillas del Ulla.
Publicado por entregas,hizo las delicias de sus amigos Rosalía Castro y Manuel Murguía, elogiándolo y recomendándolo éste (cosa inusual en él) con auténtico fervor. Años más tarde, cuando un mocito llamado Ramón del Valle descubrió la serie en las colecciones de recortes que guardó su padre, comenzó a componer una Galiciana literaria que procede en gran medida de su maestro más íntimo, admirado y reconocido.
José Antonio Durán puso de nuevo en circulación A orillas del Ulla en su libro Aldeas, aldeanos y labriegos en la Galicia tradicional (3 ediciones sucesivas), reincorporándolo después a la Galiciana básica de Alfredo Vicenti que editó nuestro Taller en 2001.
Desde los folklorísticas históricos, como su amigo y colaborado, Machado y Álvarez, a los etnólogos de nuestros días, todos hemos reconocido la importancia excepcional de La máscara y el sentido (cuidadoso, crítico y matizado, como se debe ser) que demuestra en el trato de lo tradicional la obra vicentiniana. En buena parte, por ese prestigio intelectual de autores como Alfredo Vicenti o Nicolás Tenorio (El carnaval de Viana), aplicando el difícil arte de la observación al relato de lo que contemplaron de manera directa hace más de un siglo, el carnaval gallego, nuestro antroido,que tan bién analiza (desde su perspectiva actual) Santiago Lamas, se mantiene vivo, distinto, creativo y colorista.
Felizmente, la mascarada gallega, tanto la rural como la urbana, cuando bebe en estos orígenes, nada tiene que ver con los desfiles folklóricos, las convocatorias turísticas, el desnudeo, los cánticos paródicos de la más pesada actualidad o los bailes wagnerianos de otras latitudes.
Nosotros, sin comparación posible, preferimos las recreaciones actualísimas de este original. Y no porque sea el nuestro.
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