Tras tres años nefastos, en los que todo género de escándalos y deslealtades se convirtieron en noticia, la convocatoria, la campaña y el resultado del último referéndum catalán, superó cuanto se podría imaginar.
Ante semejante estado de cosas, la Cataluña Ficción y la España Ficción decidieron el silencio. Los Campeonatos del Mundo de Fútbol vinieron en su ayuda. Pero el fútbol va de resultados, no de propagandas. Y el célebre gol de Zarra continuará siendo mitológico. Como en el último medio siglo…
A nadie, empezando por los comecocos
desinformativos, interesa remover –tras la que se ha creado en
Cataluña- semejante mierda. Pero hay que hacerlo, porque el proceso
está lleno de enseñanzas y las consecuencias ya están a la vista.
De resultas y, para empezar, todas y cada una de
las Españasautonómicas han puesto en cuestión sus
cimientos.
Si no fuera esperpéntico el espectáculo, hasta
tendría triste gracia convertir en antología del disparate
las extravagantes maneras de decir nación de los copistas.
Así pues, una vez más, como en el fútbol, la Cataluña Ficción (tan
admirada por sus admiradores) ha ido a igualarse con la España
Negra. Su inevitable compañera de viaje histórico.
Con todo el edificio en entredicho, hablar hoy
del éxito de laEspaña de las Autonomías se convierte
en la primera cuestión más que cuestionable.
Si el éxito estuviera tan claro como se ha
venido diciendo, por qué modificar nada. Los ciudadanos no lo
pedimos. Dadas las consecuencias (que eran más que previsibles) de
la operación, hubiera sido mil veces mejor
no meneallo.
Del pretendido éxito de la “España autonómica”
Bien por el
contrario de lo que se afirma con el altavoceo oficioso de los
curitas y frailones alternativos, laEspaña de las
Autonomías ha venido siendo fuente interminable de conflictos.
Además de las cuestiones de competencias, ha puesto de
manifiesto la incompetencia reinante en las más altas
instancias del Estado, y en las propias Comunidades y Provincias,
empeñadas en poner fronteras al campo y al llamado sentido común
(el menos común de todos los sentidos).
Hay libros, bien gruesos, dedicados al estudio
de la alta conflictividad que el sistema ha generado y sólo la
cuestión del agua de los ríos, engolfados por distintas
comunidades y en períodos de sequía severa, nos advierte de lo que
está por venir. En ese orden, una descentralización encaminada a
reducir las tensiones –tan lógicas como inevitables- del Centro y
las Periferias de Cualquier Estado del Planeta, ni siquiera las ha
atenuado en España. En muchos casos, las ha exacerbado.
De todos esos campos de tensión, hay uno de
enorme gravedad.
Lejos de desaparecer o atenuar las llamadas
(hoy) cuestiones nacionales (el poder cantonal
descarnado, puro y duro, de determinados grupos locales, organizados
como partidos políticos fronterizos, de dimensión cerradamente
comunitaria, beneficiarios de la descentralización, siempre con la
patria local atada a la cintura), se ha complicado. Ante el pasmo de
la ciudadanía.
La charca
En lo que hace a semejante clarificación,
el referéndum de Cataluña fue el mayor desastre que se pueda
concebir.
Prometía –según los mentores del desaguisado– un
cuarto de siglo de pacificación. Su proceso de gestación y el
desenlace, con Gobierno provisional y Elecciones a la vista, sólo
marca el comienzo de un nuevo campo tensional de una gravedad
inconmensurable… salvo para los beneficiarios de la charca.
Tanto quienes defendieron el “no”, como la
traición sobre la que se ha fundado la “extraña” alianza que
defendió el “sí”, auguran un período de conspiraciones y luchas
patriótico-declamatorias aún más descarnadas. Otro capítulo rancio
de la más rancia España de toda la vida.
Pero no es sólo Cataluña. El lenguaje ficción de
la España oficial participa de la misma ranciedumbre.
Qué es eso de descentralizar el Estado
Si la España de las Autonomías fuera una
bendición, nuestros vecinos la asimilarían.
Los portugueses, por ejemplo, que aprenden de
continuo de los errores españoles (les llega con los suyos),
hubieran votado descentralización en su propio referéndum. Como
Francia, prefirieron continuar centralizados, mientras se afirma que
otros Estados con experiencia federal (el caso alemán, manifiesto)
cuestionan su funcionamiento.
Olvidemos, pues, por un momento esos complejos
conceptos-ficción de Autonomía, Federalismo o Confederación. Vayamos
ahora tan sólo a lo que nos importa como ciudadanos de a pie.
Digan lo que gusten quienes nos “gobiernan”,
descentralizar sólo es armar el Aparato del Estado de otra
manera. Federal o autonómico, el Estado tiene que tener poder
para gobernar las Periferias con criterio acorde.
Como historiador he dedicado algunas páginas de
mi libro sobre
los Muruais a esclarecer esta cuestión, embrollada hasta el
delirio por los interesados en que se mantenga viva la confusión
reinante. La charca.
El centralismo revolucionario
Contra lo que afirman mil historias mal
contadas, la más drástica descentralización del Estado Español
no se produjo en el presente de las 17 Autonomías.
La centralización revolucionaria de los
liberales (1833-1834), diseñada por un afrancesado literario,
informado y fascinante, fue incomparable.
Apliquen mis lectores el argumento al entorno
local que tengan más próximo y entenderán de inmediato lo que otros
prefieren embrollar.
De pronto, en la desigualitaria España de los
pretendidos Reinos del Antiguo Régimen, se crearon 49 centros
provinciales de poder, dotados de imprenta (que no había, en la
mayoría de los casos), prensa (idem de idem), instituciones
escolares civiles y representanción ¡¡proporcional, igualitaria!! en
Cortes por distritos electorales (partidos judiciales, con cabezas
de partido). ¡¡Todo sin precedente!!
En ustedes está creerme o no; pero esa
descentralización igualitaria de los revolucionarios liberales, que
concedió voz y voto a las nuevas provincias, con sus
capitales y sus cabezas de partido judicial, continúa siendo la
madre del cordero 170 años más tarde.
Allí comienza, en lo que hace al poder
territorial, la discordia de quienes perdieron peso relativo en el
Nuevo Estado Liberal al repartirse el poderío territorial entre
todos los componentes provinciales.
Además de la guerra y el terror, toda suerte de
panaceas se han ingeniado, no sólo en Cataluña, desde entonces.
Siempre con el mismo fin: la defensa irada (con lujo de sangre y
declamación patriótica) de los viejos privilegios, allanados por el
igualitarismo doctrinario de la Revolución. No fue Castilla
(rota en mil pedazos), ni España, ni Madrid. Fueron los agentes
revolucionarios políticos y los funcionarios al servicio de la
Revolución quienes la llevaron a cabo… en las provincias.
El ejemplo de los Muruais de Pontevedra
Los Muruais de mi libro, por ejemplo, eran
demócratas federales. Nacieron en la mitad del siglo XIX. Hijos del
primer catedrático de Matemáticas que hubo en el novísimo Instituto
Provincial de la naciente provincia de Pontevedra, vivieron en sí
mismos y en su formación las benéficas consecuencias de que esta
boa vila, de enorme importancia histórica en el Antiguo Régimen
(pero muy venida a menos), se convirtiera en ciudad-capital
de una de las cuatro provincias gallegas.
Galicia, pomposo Reino sin rey, no era más que
un territorio sin peso político de la ancha Castilla. Cataluña, no.
Siempre tuvo su propio poderío centralizado y representado –sobre
todo- por la maravillosa ciudad de Barcelona. Poderío reconocido por
Austrias y Borbones absolutos… hasta la Revolución.
De pronto, las cosas parecían orientadas hacia
el cambio revolucionario. No sólo en Barcelona, Madrid, Santiago o
Coruña. La Galicia de las cuatro provincias, por ejemplo, pasó de
ser ese viejo país lejano del finis terrae atlántico,
a contar con ¡¡¡la misma representación proporcional en Cortes que
la Cataluña del Antiguo Régimen!!!.
Todo pudo hacerse –claro es- por el apoyo
gubernativo del poder central revolucionario. ¿Cómo hacerlo
de otro modo en una guerra civil feroz, armada por carlistas
y absolutistas, sobre todo en las comunidades históricas que habían
perdido peso relativo con la Revolución igualitaria?
Pues bien: aunque sea difícil de entender, hoy
hay gallegos catalanistas que defienden lo que los carlistas
gallegos jamás osaron reivindicar en una Galicia provincial,
dotada de pronto de auténtico poder político. Por fuerza de
la lógica, como
Murguía nos ha explicado tantas veces, Galicia era liberal.
Y contradictoria con la Cataluña carlista y absolutista
por completo.
La revolución suarista y los servicios públicos
Aquella fue la Revolución que hizo posible toda
suerte de revoluciones posteriores. Políticas, sociales,
territoriales. Por eso debe escribirse con mayúscula, para
distinguirla de las demás. La España de las Autonomías fue
otra revolución. Con minúscula.
Quien quiera entender la génesis de la
descentralización española, acometida por Adolfo Suárez y Cía (tras
muchos años de reuniones previas en el cinematográfico lugar
castellonés de Peñíscola), lea -sin salir de LA CUEVA DE ZARATUSTRA-
Poder local e vida internacional. Les anticipo que ese
discurso tiene mucha sustancia y novedad, porque en él se
entrecruzan distintas historias y argumentos poco convencionales,
que no encontrarán con facilidad en otra parte. Historias básicas
que ayudan a entender la España Ficción de nuestros días.
La descentralización –nos dijeron sus artífices–
modernizará todo el funcionamiento burocrático del Estado,
mejorándolo de forma sustancial.
No creo que exista un solo ciudadano de
la nación de Breogán o de cualquier otra de las pintorescas
realidades nacionales de nuestros Estatutos,que haya
vivido en sus propias carnes una experiencia tan venturosa, a pesar
de que el estado descentralizado español tiene casi la misma edad de
la revolución digital. En mi caso, metido actualmente en
bastantes cuestiones de relieve en lo que refiere a esas
comprobanzas (en dos Autonomías, además, gobernadas por Gobiernos
contradictorios en lo que hace a dirección política), niego la
mayor. Tengo pruebas más que elocuentes para afirmar que todos
los vicios de la centralización han sido asumidos -con rigor
digno de mejor causa- por las Comunidades Autonómicas.
Y es lógico que sea así, porque una cosa es la
descentralización política y otra muy distinta la
eficiencia burocrática del Estado y de las llamadas Comunidades
Autónomas.
Ficciones y formalidades
La España Ficción viene siendo, desde hace
muchas décadas, meramente Burocrática. Y así nos luce el pelo.
Está “gobernada” por funcionarios del Estado,
burócratas de partido o/y de los sindicatos paraoficiales. Nuestra
casta dirigente procede de los más variados cuerpos y estamentos, de
los que cobran 14 pagas del Presupuesto (y lo que venga, dada su
posición de privilegio). Los ciudadanos no tenemos el menor control
sobre esa auténtica casta burocrática, cerrada sobre sí misma, cuyo
único amparo radica en la más descarnada propaganda.
¿Cómo de una de las más viciosas,
arraigadas, cansinas, costosas e irreformables administraciones
públicas, pueden salir dirigentes, representantes y gobernantes,
capaces de mover esa mole de intereses endogámicos y corporativos
que caracteriza a los vitalicios funcionarios españoles?. Esa es la
cuestión de las cuestiones. En absoluto planteada desde hace
décadas…
Todo el bollo continuo de las patrias, como las
trifulcas partidarias, si bien se mira, no tienen otro motivo. La
declamación patriótica encubre toda suerte de incumplimientos
personales (inconfesos) de los poderosos funcionarios con la
Sociedad que paga de manera constante el absentismo, la competencia
desleal y la incompetencia más rigurosa. Las palabras gruesas
esconden gestos, corruptelas y corrupciones, tan graves, que por
veces hasta se convierten en noticias. Escandalosas sí, pero
puntuales.
¡Claro que hay excepciones, dignas de reconocer,
dentro del mundo de los funcionarios y los empleados públicos! Pero
hasta estos casos excepcionales (precisamente por serlo) convendrán
con nosotros en la excepcionalidad de su comportamiento, porque
–dada la profundidad del problema- ni son la regla, ni pueden serlo.
Los resultados del debarajuste
Los resultados del
referéndum celebrado en la Cataluña real, marchan tan acordes con
los del anterior referéndum sobre la Constitución Europea que casi
producen calofrío. La coincidencia es numérica. Terminante.
Refresquenlos nuestros lectores, sin salir de LA CUEVA, releyendo el
Síntomas que hemos dedicado a
La Europa de la desinformación ciudadana.
Son coherentes y hasta coincidentes esos
porcientos porque afectaron a la misma clase de votantes y
abstinentes. Desde el punto de vista sociológico, votaron y se
abstuvieron los mismos de siempre.
En Cataluña incluso se llegó a temer algo peor:
que no votara siquiera una parte significativa de esos de
siempre.
En cierta emisora, afín al Frente Anti-Popular,
yo mismo escuché (perplejo) cómo el ex-presidente de la Generalitat
recurría a la participación en el referéndum que nos trajo a los
gallegos el aún vigente Estatuto de Autonomía de Galicia. ¡Por una
vez, el escudo gallego de aquel 20 por ciento servía al señor Pujol
de respaldo para la legitimidad de lo que pudiera suceder en la
Cataluña Ficción, que él históricamente representa!.
Y acertó. El descalabro fue claro; pero… de
menor cuantía de la temida.
Cataluña Ficción/ Galicia Ficción
>
Ni mi madre fue a votar en aquel referéndum
gallego, es cierto; pero lo mismo sucedió en los previos de la
República. En Cataluña o en Galicia.
En Galicia,
Santiago Casares Quiroga (en vísperas del alzamiento armado de
1936) asumió unos números tan gloriosos como los que daría el
general Franco años más tarde en sus convocatorias; pero, en Rianxo,
las actas se cubrieron anotando el censo de votantes como si
hubieran votado, y en la mayoría de las urnas gallegas apenas se
recogió un voto.
Las historias que escriben nuestros U-Sabios,
operando como políticos retrospectivos, mantienen la ficción
(española, gallega, vasca, madrileña, andaluza o catalana), porque
el patriotismo declamatorio con el que comulga semejante sabiduría,
pertenece a la misma casta -interesada y burocrática- de los
votantes y de los funcionarios gobernantes. Catedráticos incluso de
Historia Contemporánea, esos U-Sabios jamás han creído en la
historia. Viven de su historia.
Trágala “a la catalana”
La pasión que les ha entrado de repente a los
frentistas antedichos por recuperar
la memoria histórica es otro trágala-ficción. Antiguo y
españolísimo.
Nuestros patriotas declamatorios aman las
mitologías ancestrales, y éstas sólo son ficciones
político-literarias de encapuchados, creadas a su uso, beneficio y
conveniencia. La ausencia generalizada de cultura contemporánea
favorece de continuo la antiquísima operación.
Ni siquiera como
historiador, ha sido positivista quien esto escribe; pero los datos
son tozuzos. Traduzcamos, pues, los resultados del referéndum
catalán a la vida cotidiana de cualquier familia.
Imaginemos una casa con 10 miembros.
¿Qué dirían ustedes del Estatuto regulador de su
futuro familiar si, después de la más increíble serie de
despropósitos y descalificaciones recíprocas, se desentendieran por
completo de la cuestión más de la mitad de los miembros?
Pero el “bollo” no se reduce a los 5 que se
abstuvieron, porque en los 5 participantes también hubo “tomate”
casero. “Noes” explícitos, nulos y blancos beligerantes, anunciando
guerra.
¿Vivirían ustedes un añito en una casa
legitimada con semejantes reglas de juego? ¿Aguantarían
25? Pues no piensen que la Cataluña Ficción va a ser menos real que
la Casa Ficción de nuestra historia.
Defendella y no enmendalla
Sólo el trágala, tan español,
puede hablar de legitimaciones en las presentes
circunstancias.
De ahí, el silencio riguroso sobre los
resultados, coincidente con el “¡Viva España!” futbolístico de
estos días.
Los numeritos patriótico-españolistas que nos ha
ofrecido La 4 y la convocatoria de la masa futbolera
madrileña a la Plaza de Colón (la de la gran bandera
¿recuerdan?), ha empequeñecido a los Enrique Mariñas y Matías Prats
de los viejos tiempos del Imperio, centralizado y absoluto; pero fue
inmediatamente imitada con otra convocatoria análoga en la Puerta
del Sol, y por sinnúmero de concentraciones locales.
Como en el franquismo, como siempre, los medios
de comunicación forman parte de la España Ficción. Atizan la locura
futbolera… torpemente. Torpemente, porque el fútbol vade
resultados.
El Campeonato cumplió su papel, sin embargo. Nos
queda -para confundir al personal- la mejor liga del mundo y
el reto de siempre, diferido al próximo cuatrienio: mejorarel gol de Zarra(Brasil, 1950: cuartos).
La Ciudadanía cambia, se actualiza y se renueva,
menos mal; pero la España Ficción (la del “defendella y no
enmendalla”), catalana, gallega, vasca o castellana, permanece.
Rancia. “Impasible al ademán”…
¿Cuándo comenzaremos los precarios ciudadanos,
paganos de todo el andamiaje,a aplicarle a esa España
Ficción su propia medicina? Una especie de carnet por puntos,
por ejemplo, concebido en positivo, para distinguir quien es
quien en el único mundo donde rigen los empleos, las prebendas y
las incompetencias vitalicias.
Nota de
Zaratustra
El Autor nos autoriza a hacer público que renuncia a todos
los derechos morales y materiales sobre este texto. Rogamos
a la Ciudadanía en Ejercicio su multidifusión
Este articulo de J.A, Duran, es de lectura obligada para las diferentes castas politicas, que por alguna maldicion divina nos gobiernan.
El Estado de las Autonomias, que ha triplicado la burocracia, disparado el gasto, multiplicado los conflitos y creado una insoportable legion de parasitos que viven de la partitocracia, resulta en la practica el mas agobiante centralismo.
Diecisiete caudillos regionales, 17 circo-parlamentos, cientosde diputados autonomicos, ministrillos, incontables cargos y carguillos, miles de funcionarios, televisiones y despilfarro incontenible que , no olvidemos el ciudadano tiene que pagar.
¿ Esto es necesario?. La contestacio es si y no. SI porque los partidos tienen mucho donde colocar a sus mesnadas; NO, porque el ciudadano tiene que pagarlo y sufrirlo.
Da division provincial de Javier de Burgos, fue como señala Duran, positiva y de lo mejor que nos quedo de nuestro atribulado siglo XIX. Por el contrario el legado Autonomico de Adolfo Suarez, hoy en lamentable situacion personal, pasara a la historia, junto con otros calamitosos gobernantes centristas como Alcala-Zamora, Portela Valladares o Ricardo Samper como ejemplo de lo nefasto que resulta para un pais personas que no piensan las consecuencias gravisimas de sus presunta buenas intenciones.